martes, 5 de noviembre de 2013

LO POCO QUE SÉ DE LA VIDA

[Aclaración: creo que esta frase se la he robado a alguien… No sé a quién, pero me sirve tanto que no me queda más remedio que: (i) darle las gracias, y (ii) pedirle perdón. Plagio reconocido seguro que es menos plagio…]

A estas alturas, hay algunas cosas que puedo decir que he aprendido de la vida. Ahí van, no por orden de importancia (aunque puede que caigan así) sino como me van saliendo:

1.- La primera de ellas es que no hay nada que ciegue más que el orgullo. Bueno, a lo mejor el amor… O el enamoramiento, llámalo X. Lo que pasa es que la ceguera del (en)amor(amiento) tiene un poquito más de gracia, porque lo que hace es que no te deja ver lo malo. A la larga, no digo yo que no, esto puede ser una putada. Te encuentras en cada jardín… Pero así a corto plazo, no está mal. Es como el bosque de Blancanieves[1]: parece precioso pero (puede) oculta(r) dentro cosas horribles, miedos, monstruos, bestias. Ahora, puede que no lo haga…

El problema del orgullo, por oposición, es justo el contrario. Lo que probablemente no deja ver son las cosas buenas de la vida. El orgullo hace que nos encerremos en nosotros mismos y en actitudes tan destructivas como la ira o, simplemente, la mierda. Y es que en la mierda se está muy agustito… Hay que andarse con mucho ojo para no acomodarse en la mierda, porque es como el maldito chocolate de Candy Crush, va creciendo y creciendo y cuando te quieres dar cuenta te ha invadido. Pero además resulta que no tienes vidas extra… Ni siquiera esperando 30 minutos. Así que mucho, mucho cuidado. Por favor… Por todos. ¿Cómo es eso que ha dicho el Papa Francisco[2] (que, por cierto, me tiene enamorada)? “El primero en pedir perdón es el más valiente. El primero en perdonar es el más fuerte. El primero en olvidar es el más feliz”. No hay mucho más que pueda añadir…


2.- Otra cosa que puedo decir que he aprendido es aquello tan repetido de que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Además, por ahora, tengo la inmensa suerte de no haber conocido eso otro de que los amigos se cuentan con los dedos de una mano. Puedo decir, y sé que no me equivoco, que verdaderos amigos tengo muchos, muchísimos, probablemente muchos más de los que me merezco. Pero en fin, tampoco vamos a fustigarnos… Si he tenido esta suerte hasta el momento, bienvenida sea. Lo bueno de los amigos es que siempre están ahí. Tu familia, en general, también, pero ellos no te han elegido –lo cual te da la mayor libertad del mundo para ser tal como eres en todo momento, con las injusticias que el mal humos provoca a veces… pero están jodidos, tienen que quererte-. Tus amigos, sin embargo, sí te han elegido. Y te quieren así. Es alucinante, pero es verdad. Lo que no quiere decir que no se desesperen 1.500.000 con cada gilipollez que se te ocurre hacer… Eso sí, los buenos buenos te dirán: “eh, imbécil, a ver si paras un poquito que se te está yendo la olla”. Y, si no andas nubladillo con el tema antedicho del orgullo, igual te paras y dices: “coño, lo siento, es verdad… ya paro”.


La consecuencia más inmediata que tiene esto del tesoro (lo de antes era más bien la causa) es que hay que cuidarlos. Si tienes un tesoro y lo que haces es enterrarlo o cerrarlo con llave... De poco te va a servir. Bueno, "servir" queda feo. Poco lo vas a disfrutar puede que encaje más... Pero disfrutar no quiere decir exprimir. Si sólo exprimes, se gasta. Lo tienes que invertir, buscando y comprobando una y otra vez si estás sacándole el máximo rendimiento, si lo estás haciendo crecer... Con el riesgo que esto conlleva, claro, per ese es otro tema, que me voy por donde no pretendía. Lo que quiero decir ahora es eso: que hay que cuidarlos. Que con lo valiosos que son, no podemos permitirnos perderlos. 

3.- ¿Más? Pues sí, se me ocurre otra. Esta es reciente y aún está en ensayo clínico en mi cabeza, pero pinta bastante cierta… Es que we accept the love we think we deserve. Toma ya. A mí, desde luego, me supone un guantazo bien dado en toda la jeta. Y me da para pensar y pensar, que es lo que más me gusta… Ha quedado breve, aunque me parece de lo más crucial.


(qué bonita película, Clau, gracias)

4.- Y hablando de guantazos, creo que aprendemos más de las leches que nos damos que de las caricias en el morro. Que ya podía ser al revés, no? Porque esto igual da ganas de aprender poco y ya está… Pero por otra parte es inspirador, porque en la basura podemos hacer crecer bonitas flores (gracias, Fito). Jajajajaja vaya con la cursilería esta tan tonta que me ha entrado… Pero es que es verdad. Mola bastante pensar que de todo sacamos cosas buenas: de las alegrías, la sensación de felicidad, y de las tristezas, lo que nos enseñan. Porque un amigo muy sabio me dijo una vez que quien tropieza y no cae, adelanta camino. Y qué razón tenía, como en casi todo.



Es todo por hoy. Me gusta recopilar este tipo de pensamientos. Por si algún día, dentro de 30 años por ejemplo (o 30 días, que mi memoria no da para más) decido volver a leer estas movidas idiotas que me da por escribir y me doy cuenta de que se me habían olvidado. Porque sé, seguro, que me gustará recordarlas. Como cuando era una adolescente pubertosa y me proponía escribir las cosas que más me… lo dejo en “contrariaban” (jaaaa!) de mis padres, para meditarlas si algún día me convertía en madre yo también. Pero nunca lo hice. Y madre no soy, ni sé si lo seré, pero ya se me han olvidado. Y me muero de la rabia… No más. Cada día un poquito menos procrastinadora. Galletita!rees lo que me se te ocurre hace  que se aprende mtoda la jeta. Y me da para pensar y pensar, que es lo que me se te ocurre hace




[1] Por favor, que alguien la mate… no hay nada más cursi, aparte de Julie Andrews, a la que sólo podré perdonar en Sonrisas y Lágrimas. Lo de la repelente de Mary Poppins, que encima abandona a los niños, o la patada-en-la-boca de Cortina Rasgada, que encima se queda con Paul Newman, no tiene explicación.
[2] La frase no es original del Papa, es de Ravi Shankar, un gurú indio del que no sé absolutamente nada. Gracias, Google.