martes, 3 de diciembre de 2013

EL AMOR PLATÓNICO Y LA VERGÜENZA AJENA


Dos fenómenos que podrían no tener nada que ver. De hecho, así parece. Pero en mi interior están estrechamente relacionadas al unirse en la figura de... Alex Turner. Porque es posible que mi amor por él dure toda la vida. Y porque, al mismo tiempo, no puedo de la vergüenza ajena cada vez que lo veo sobre un escenario o leo una entrevista suya, todo desde la transformación californiana. Porque antes era un chico tímido y oculto tras un pelo casco muy brit-pop, que escribía como quería y cantaba menos bien, pero daba igual, porque no estaba en su voz su atractivo. Eran más esas últimas consonantes -especialmente la k-, a las que nunca renuncia. Las palabras desconocidas (cuánto inglés he aprendido!). Y entonces... llegó el ego. La primera impresión, 27 de enero de 2012, fue de "hum... se ha hecho un hombre! viva!", porque la chupa de cuero le daba un punto, no lo puedo negar. Pero se ha pasado mil pueblos. Lleva tupé y un peine en el bolsillo que saca con excesiva frecuencia para un uso ni siquiera inspirado en Danny Zuco, es incluso un poco Kenickie. Pone posturitas. Mueve la cadera. Ahora lo que me hace es ponerme muuuuy roja y sonreír contenidamente abriendo mucho los ojos. No quiero que lo vean así, porque ese no es MI Alex. Para que se me entienda, el antes y el después:

Antes
Después

En fin, vaya sarta de chorradas, para variar. Pero ya me he quedado más a gusto. Esto me da pie a darle vueltas a estas dos cosas tan raras por separado...

1.- La vergüenza ajena. Es un fenómeno muy extraño, creo que provocado por inseguridades estúpidas. Por eso lo más normal es sentirlo en la adolescencia, y generalmente provocada por tus padres. Porque había momentos en que querías que te tragara la tierra... Corrijo: que LOS tragara la tierra, para que la gente no fuese testigo de su imperdonable desubicación. Y para los que tenemos el sentido del ridículo híperdesarrollado, esta sensación se repite con frecuencia. Cuando una tía cualquiera canta a lo "Maraia" -o Tenesoya-, lo haga bien o mal; cuando un tío, generalmente gordecho y probablemente del sur, hace una broma sin gracia alguna, en voz muy alta para que todo el mundo de alrededor se ría; cuando Van Damme baila la vaina loca (no así cuando se despatarra entre los dos camiones, eso merece una ovación); cuando una ex-niña-Disney toma la decisión de hacer de guarrilla penosa cada vez que vislumbra una cámara; cuando un grupete de púberes seleccionados por un productor haitiano presenta su primer "single", en directo, delante de la boy band más famosa de todos los tiempos, fusionándolo con el mayos éxito de los susodichos, sin prestar atención a sus miradas de confusión -entre el "debe ser broma, voy a reírme" y el "o no... igual lo hacen en serio"-. (Nota: sí, soy fan, la mayor fan de los Backstreet Boys mientras no se demuestre lo contrario. Es perfectamente compatible con los Arctic Monkeys, qué pasa?)

2.- El amor platónico. Ese maravilloso invento de quien mueva los hilos. Porque el amor platónico es perfecto. Tiene mucho de lo bueno -no todo, lo reconozco-, pero nada de lo malo. No se estropea, no se da de sí, no se reblandece, no cansa. Un amor platónico puede quedar relegado a un rinconcito del corazón en el que no siempre reparamos; pero entonces vuelves a verlo, oírlo, leerlo o recordarlo de cualquier manera y te das cuenta de que sigue exactamente igual de vivo. Y es precioso... Y siempre será tuyo. Porque depende 100% de ti. No hay otro que tenga que sentir lo mismo para que exista un equilibrio, porque el amor platónico es, en esencia, desequilibrado. Podría haber un equilibrio si fuese bidireccional (en ese caso, pasa a ser un amor imposible), pero esos pueden doler un poquito. Además, el amor platónico no es excluyente. Nunca será suplementario, si acaso será complementario. En este sentido debe ser como el amor que uno tiene por sus hermanos o por sus hijos: no por tener más quieres menos a cada uno de ellos. Es evidente, ¿no?

No sé si la vergüenza ajena es algo que todo el mundo siente alguna vez. Yo creo que la siento muchas más veces de las que corresponde... Tampoco sé si todos tenemos al menos un amor platónico. Yo, desde luego, sí tengo esa suerte.

martes, 5 de noviembre de 2013

LO POCO QUE SÉ DE LA VIDA

[Aclaración: creo que esta frase se la he robado a alguien… No sé a quién, pero me sirve tanto que no me queda más remedio que: (i) darle las gracias, y (ii) pedirle perdón. Plagio reconocido seguro que es menos plagio…]

A estas alturas, hay algunas cosas que puedo decir que he aprendido de la vida. Ahí van, no por orden de importancia (aunque puede que caigan así) sino como me van saliendo:

1.- La primera de ellas es que no hay nada que ciegue más que el orgullo. Bueno, a lo mejor el amor… O el enamoramiento, llámalo X. Lo que pasa es que la ceguera del (en)amor(amiento) tiene un poquito más de gracia, porque lo que hace es que no te deja ver lo malo. A la larga, no digo yo que no, esto puede ser una putada. Te encuentras en cada jardín… Pero así a corto plazo, no está mal. Es como el bosque de Blancanieves[1]: parece precioso pero (puede) oculta(r) dentro cosas horribles, miedos, monstruos, bestias. Ahora, puede que no lo haga…

El problema del orgullo, por oposición, es justo el contrario. Lo que probablemente no deja ver son las cosas buenas de la vida. El orgullo hace que nos encerremos en nosotros mismos y en actitudes tan destructivas como la ira o, simplemente, la mierda. Y es que en la mierda se está muy agustito… Hay que andarse con mucho ojo para no acomodarse en la mierda, porque es como el maldito chocolate de Candy Crush, va creciendo y creciendo y cuando te quieres dar cuenta te ha invadido. Pero además resulta que no tienes vidas extra… Ni siquiera esperando 30 minutos. Así que mucho, mucho cuidado. Por favor… Por todos. ¿Cómo es eso que ha dicho el Papa Francisco[2] (que, por cierto, me tiene enamorada)? “El primero en pedir perdón es el más valiente. El primero en perdonar es el más fuerte. El primero en olvidar es el más feliz”. No hay mucho más que pueda añadir…


2.- Otra cosa que puedo decir que he aprendido es aquello tan repetido de que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Además, por ahora, tengo la inmensa suerte de no haber conocido eso otro de que los amigos se cuentan con los dedos de una mano. Puedo decir, y sé que no me equivoco, que verdaderos amigos tengo muchos, muchísimos, probablemente muchos más de los que me merezco. Pero en fin, tampoco vamos a fustigarnos… Si he tenido esta suerte hasta el momento, bienvenida sea. Lo bueno de los amigos es que siempre están ahí. Tu familia, en general, también, pero ellos no te han elegido –lo cual te da la mayor libertad del mundo para ser tal como eres en todo momento, con las injusticias que el mal humos provoca a veces… pero están jodidos, tienen que quererte-. Tus amigos, sin embargo, sí te han elegido. Y te quieren así. Es alucinante, pero es verdad. Lo que no quiere decir que no se desesperen 1.500.000 con cada gilipollez que se te ocurre hacer… Eso sí, los buenos buenos te dirán: “eh, imbécil, a ver si paras un poquito que se te está yendo la olla”. Y, si no andas nubladillo con el tema antedicho del orgullo, igual te paras y dices: “coño, lo siento, es verdad… ya paro”.


La consecuencia más inmediata que tiene esto del tesoro (lo de antes era más bien la causa) es que hay que cuidarlos. Si tienes un tesoro y lo que haces es enterrarlo o cerrarlo con llave... De poco te va a servir. Bueno, "servir" queda feo. Poco lo vas a disfrutar puede que encaje más... Pero disfrutar no quiere decir exprimir. Si sólo exprimes, se gasta. Lo tienes que invertir, buscando y comprobando una y otra vez si estás sacándole el máximo rendimiento, si lo estás haciendo crecer... Con el riesgo que esto conlleva, claro, per ese es otro tema, que me voy por donde no pretendía. Lo que quiero decir ahora es eso: que hay que cuidarlos. Que con lo valiosos que son, no podemos permitirnos perderlos. 

3.- ¿Más? Pues sí, se me ocurre otra. Esta es reciente y aún está en ensayo clínico en mi cabeza, pero pinta bastante cierta… Es que we accept the love we think we deserve. Toma ya. A mí, desde luego, me supone un guantazo bien dado en toda la jeta. Y me da para pensar y pensar, que es lo que más me gusta… Ha quedado breve, aunque me parece de lo más crucial.


(qué bonita película, Clau, gracias)

4.- Y hablando de guantazos, creo que aprendemos más de las leches que nos damos que de las caricias en el morro. Que ya podía ser al revés, no? Porque esto igual da ganas de aprender poco y ya está… Pero por otra parte es inspirador, porque en la basura podemos hacer crecer bonitas flores (gracias, Fito). Jajajajaja vaya con la cursilería esta tan tonta que me ha entrado… Pero es que es verdad. Mola bastante pensar que de todo sacamos cosas buenas: de las alegrías, la sensación de felicidad, y de las tristezas, lo que nos enseñan. Porque un amigo muy sabio me dijo una vez que quien tropieza y no cae, adelanta camino. Y qué razón tenía, como en casi todo.



Es todo por hoy. Me gusta recopilar este tipo de pensamientos. Por si algún día, dentro de 30 años por ejemplo (o 30 días, que mi memoria no da para más) decido volver a leer estas movidas idiotas que me da por escribir y me doy cuenta de que se me habían olvidado. Porque sé, seguro, que me gustará recordarlas. Como cuando era una adolescente pubertosa y me proponía escribir las cosas que más me… lo dejo en “contrariaban” (jaaaa!) de mis padres, para meditarlas si algún día me convertía en madre yo también. Pero nunca lo hice. Y madre no soy, ni sé si lo seré, pero ya se me han olvidado. Y me muero de la rabia… No más. Cada día un poquito menos procrastinadora. Galletita!rees lo que me se te ocurre hace  que se aprende mtoda la jeta. Y me da para pensar y pensar, que es lo que me se te ocurre hace




[1] Por favor, que alguien la mate… no hay nada más cursi, aparte de Julie Andrews, a la que sólo podré perdonar en Sonrisas y Lágrimas. Lo de la repelente de Mary Poppins, que encima abandona a los niños, o la patada-en-la-boca de Cortina Rasgada, que encima se queda con Paul Newman, no tiene explicación.
[2] La frase no es original del Papa, es de Ravi Shankar, un gurú indio del que no sé absolutamente nada. Gracias, Google.

viernes, 25 de octubre de 2013

MADRES-TÍPICAS Y MADRES-COMO-LA-MÍA



Eso de "madre no hay más que una" suele ser cierto casi siempre. Luego hay un pequeño porcentaje de personas que puede tener dos que son pareja; otros tienen una natural y otra adoptiva; otros tienen una de verdad y otra de pega... Yo soy como la mayoría: por tener, tengo una. Eso sí, mi madre poco tiene que ver con la mayoría de madres.

El deporte preferido de mi hermano y mío es reírnos con (bueno, un poco "de") nuestra madre. Estaba claro que uniendo en la misma frase el concepto "deporte" y mi persona no podía estar hablando en sentido literal. Pero a lo que voy: nuestra madre es Phoebe. Y tampoco es exactamente así, pero sí tiene el mismo tipo de inocencia en muchas ocasiones que hace reír como cuando veíamos Friends en Canal+ después de comer. Tiene sus despistes, sus lapsus, sus momentos... Como cuando invita a mi primo a cenar y, cuando llego yo a casa, no sólo no me han esperado (aceptable, llego tarde) sino que no me han dejado ni una miga. O el "te he preparado una cena buenísima... estos pimientos asados", cuando lo único que no me gusta en el mundo son los pimientos. O aquella conversación memorable (para mí, digo, ella no se acuerda ni de coña!):

M:- Ro, te debo dinero de lo del otro día ¿verdad?
R:- Es verdad! Fueron 29€
M:- Sólo tengo 30€
(Hum, qué querrá decir?)
R:- Pues no sé, ya te daré el euro de vuelta.
M:- No pasa nada... (Ahora me dirá "no hace falta, qué tontería"). Ya me lo darás.

o.O

Suena a que me estoy quejando, pero noooononono, estoy describiendo, porque la verdad es que me hace toda la gracia.

Mi madre es muy joven y, además, mejora con la edad. Estoy realmente harta de que cada vez nos pregunten más si somos hermanas. Que yo entiendo que la gente quiere hacerle un cumplido a mi madre, pero... ¿Tiene que ser a mi costa? ¿Y cuando yo estoy delante? Lo encuentro innecesario, verdaderamente. El caso es que querría que quedara claro esto de su juventud antes de describir un aspecto muy suyo, una manía que tiene, y que sin la advertencia previa puede provocar que el lector cree una imagen en su cabeza de perfecta Chus Lampreave. Y bueno, nada más lejos... Menos en lo del tamaño de los ojos detrás de las gafas de cerca (porque sí, ella tiene de lejos y de cerca, porque le da la gana, porque le gusta mucho más irse cambiando de gafas de forma constante que tener unas progresivas, ¿qué pasa?). En esto de los ojos es clavaíca a la imagen de Chus en Volver. Así:



Bueno pues a lo que iba. Mi madre tiene la manía de seguir leyendo algo/hablándote como si no pasara nada cuando en realidad está muy incómoda en un sentido físico. Me explico. Generalmente suele ser: (a) con las gafas caídas hasta la punta de la nariz; (b) sin las gafas puestas; o (c) cualquiera de las anteriores unida a la mitad de su cabellera volcada sobre la cara en una onda imposible. No hay que ser un genio para darse cuenta que todas las opciones mencionadas son de relativamente sencilla solución. Pero a ella no le gusta el camino fácil. Ella prefiere levantar la cabeza como si quisiera encontrar formas de animales en las nubes, estirando mucho el cuello, y volcando el ojo hacia abajo para poder verte a ti, su interlocutor, o su móvil. Y claro, luego se ofende si te ríes...

*Se me ha olvidado la opción (d), que es cuando está dormida. O sea, se queda dormida en el sofá y al despertar te intenta mirar. No va a abrir los ojos para mirarte, eso sería también demasiado fácil. Ella intenta mirarte a través de los párpados: creo que lo que intenta es reducir su grosor mediante la técnica del "levantamiento infinito de cejas". Hasta ahora no parece que le haya funcionado, pero ella no piensa rendirse.

Otro rasgo muy de mi madre es el del vocabulario imposible. No es que se invente las palabras, es que conoce más palabras que cualquier otro ser humano que utilice el español como lengua materna (o como única lengua, como es su caso). No tendrá más idiomas, pero oye, el español (castellano? paso de esta discusión) lo domina como nadie. Porque no la conocen, que si no el sillón Ñ era más suyo... Palabras como gaveta, tolva, metopa o patinillo nos enriquecen la existencia. O de repente un insulto inesperado, como "hijos de las antípodas!".

Y por último, aunque no por ello menos característico, su capacidad para halagar el oído filial. Porque a nadie le parecen feos sus hijos, ¿verdad? Bueno, pues a nadie no. A mi madre a veces sí, y no se va a cortar un pelo a la hora de dejarlo claro. Ha tenido piropos tan bonitos conmigo que a su lado cualquier peón de obra español quedaría en nada. Unos ejemplos:

1.- Cuando estaba preparando mis solicitudes para hacer un máster en EEUU y llegó mi certificado del Toefl a casa -que quien lo haya hecho sabrá que viene con una foto que te hacen al llegar, con webcam y a traición-, me soltó un: "Aaarrggg! Así no te van a dejar entrar en USA!!". Claro, que luego lo mejoró añadiendo "bueno, a lo mejor en las universidades tienen cuota de feas...".

2.- Cuando me pidió un "gorro de lluvia" (wtf?) para irse de viaje y le dije que yo no tenía de eso, me contestó: "ah, claro, porque sería tamaño barreño".

3.- Un comentario al aire como el que sigue: "mi hija es que tiene dos problemas: el de comer con ganas de vomitar y el de ver gandía show".

4.- Y mi preferido:
- Anda Ro, hoy sí que pareces el personaje aquél de Harry Potter!
- Hermione?
- No, Hagrid.


Mamá, no cambies, te queremos.

**Edición: lo releo y me siento una malvada y despiadada hija que no hace más que criticar. Es verdad, pero prefiero no parecerlo, así que ahí va una lista de las virtudes de mi santa madre, para que no se sienta vilipendiada por una servidora, que en ningún caso es la intención!

- Hace las mejores lentejas del mundo
- Es una artistona, y lo sabe
- Tiene buen sentido del humor y sabe reírse de sí misma (verdad, madre? verdad???? jajajaja)
- Tiene una autoestima que ya quisiera yo...
- Es simpática, muy simpática. Siempre cae bien!
- También es muy guapa, la joía.
- Es muy mimosa también, incluso un pelín de más a veces!
- La intuición materna la tiene. En eso sí es típica. Sabe más de nosotros que nosotros mismos.

Vamos, que es un partidazo de madre...



lunes, 30 de septiembre de 2013

APAÑOS MENTALES




¿Verdad que no soy la única que recurre al autoengaño? Yo creo que no, porque lo detecto en otras personas más veces de las que son sanas… Claro que quién soy yo para aleccionar cuando a lo mejor soy la más automentirosa de la tierra? Me encanta intentar convencerme de algo para evitar un pensamiento indeseable. Y es una chorrada, porque engañarse a sí mismo viene siendo, por concepto, imposible. Pero oye, yo lo intento y, al final, hay veces que de tanto concentrarme se me olvida lo que me daba miedo.

Por ejemplo, ese momento en que crees que has perdido algo. Mi técnica es muy básica: no lo busco y entonces me digo a mí misma que, como no lo he buscado, en realidad no está perdido: es sólo que no sé exactamente dónde está. Esto no funciona, seguro. Pero cuando la cosa en cuestión aparece sola cuando estoy buscando algo distinto, me llevo un subidón y me reafirmo en lo bien que me ha sentado ahorrarme la angustia. O el más frecuente en mi caso... las excusas para comprar. Que si es un chollazo, que si justo de esto no tengo, que si lo llevo buscando taaaaanto tiempo... Tengo millones. Y las uso prácticamente siempre. Lo que no me pasa casi nunca es no encontrar excusa e irme con las manos vacías. Para esto deben existir terapias...

Otro recurso que utilizo es el contrario a lo que pensé que sería mi forma de ver las cosas en el trabajo. Me explico. Yo quería ser abogada de familia (horror que esquivé Boss mediante). El problema es que soy… muy sentida jaja. Un poco dramática, incluso. Los asuntos personales me afectan mucho, y de haber entrado en terreno tan íntimo probablemente habría caído en depresión más veces que cobrado facturas. No parecía rentable. Así que metí la cabeza en un área aséptica, fría, donde debe imperar el sentido común. Todavía creo que casi siempre impera, aunque imbéciles hay en todas partes, eso es un hecho. Pero en general, los sentimientos y las emociones rara vez se cuelan en un contrato de agencia, una due diligence o una escritura de modificación de estatutos.

Me estoy enrollando y no llego al truco. Todo esto era para decir que lo que ahora hago es, cuando ocurre algo muy personal y veo que me va a afectar (y del efecto no voy a sacar nada positivo), lo convierto en un asunto práctico, como si fuera de trabajo, y lo intento solucionar, neutralizar o terminar aplicando ese mismo sentido común. Y punto. Aún es algo nuevo para mí, no puedo garantizar que funcione. Tengo días que creo que sí y otros que ni de coña. Porque en fin, una es como es y tampoco me puedo hacer de hielo tan fácilmente. Pero un poquito de relativizar viene muy bien.

Como decía, yo soy muy dramática. Pero eso siempre lo he sido y, como ya me di cuenta hace tiempo, lo que hago es no tomarme a mí misma muy en serio (aquél pánico a que me abandonaran mis padres en las gasolineras… Qué tipo de película de Antena 3 me generó semejante trauma??). Me pasa mucho que me monto un novelón en la cabeza (como todos, claro). Los míos son muy largos, llego al final de los finales. Y normalmente implican tragedias griegas por lo menos. Del rollo “uy qué dolor de cabeza – mierda seguro que hay un tumor – uf qué putada para mis amigos – tendré que buscar a alguien que me dé un jeringazo – o a lo mejor no da ni tiempo – tengo que acordarme de dejar escrito lo de que dejo unos eurillos para que se vayan todos de cenón en mi honor!”. Todo esto en cuestión de segundos, por ejemplo en lo que dura un semáforo en rojo. ¿Qué pasa? Que como ya sé que al final todo esto viene de una neurona que debió desconectarse en mi cabeza cuando era pequeña, pues yo misma lo descarto por altamente improbable. Puede que no debiera exponer estos asuntillos que me pasan por la mente… ¿Se me puede encerrar contra mi voluntad usando esto de prueba de mi falta de cordura? Corramos un estúpido velo…

Otro remedio casero y mental es súper útil para los cabreos. Hablo de cabreos personales, con gente que te importa. No aplica en ningún caso a los rebotes por interactuar con esa gente desagradable con la que te a veces te cruzas medio minuto, que aunque es escasa, la hay. Estoy llegando a la conclusión de que casi el 100% de los enfados se pasan si lo enfocas con empatía. Es decir, cuando alguien te hace algo que te molesta puede que tengas razón, no digo yo que no. Pero lo más seguro es que, si te pones en los pies de ese alguien y en intentar entender qué le ha llevado a hacer lo que ha hecho, entiendas de dónde sale su actitud. Y eso no convierte sus acciones en buenas o razonables, lo que ha hecho seguirá siendo seguramente una gilipollez (o, peor, una hijoputez). Pero el cabreo o la rabia desaparecen… Porque lo comprendes y lo puedes perdonar. A lo mejor suena muy tonto o muy cursi, pero esto a mí sí que me funciona. Y no sólo eso, sino que creo que me hace una persona más feliz.

Es verdad eso de que los consejos es mejor no darlos aunque te los pidan. Me parece un buen consejo aunque sea contradictorio en sí mismo, peeeeero… no puedo evitarlo. Me muerdo la lengua y al final zasca! Lo suelto. Como si tuviera derecho. Sé que no… Pido perdón desde ya. Soy muy pesadita. Pero si a alguien le sirve, mola, no?

domingo, 22 de septiembre de 2013

LA VUELTA AL MUNDO REAL

Echo de menos muchas cosas, eso está claro. Pero una de ellas es escribir y eso tiene fácil solución, así que allá voy.

Desde que estoy de vuelta, vengo sufriendo una especie de depresión post-erasmus aguda. Mi padre, creyéndose poseedor de la intuición materna, sí, esa que llega a dar miedo, porque cómo carajo lo saben TODO, incluso antes de que lo sepas tú mismo??... Pues como decía, mi padre está convencido de que me he enamorado. No se le ocurre por qué otra razón puedo estar callada y en mi mundo. Yo creo que tampoco es así, pero por lo visto no hablo. Y le da igual que le diga que no, él sólo dice “ya me lo contarás cuando quieras, no te presiono”. Aunque en realidad un poco de razón sí tiene, pero no como él piensa. Me he enamorado de muchos y muchas, de sitios, de experiencias, incuso un poquito más de mí misma (eso no ha sido enamoramiento, ha sido autoaceptación). Así que ahora estoy un poco perdida en el que realmente es y siempre ha sido mi sitio, en mi ciudad, en mi trabajo, con mis amigos, con mi familia. No sé muy bien cuál es la razón, pero la sensación es de estar donde no debo.

Cuando oía a la gente eso de la depresión post-erasmus me lo imaginaba de otra manera. Pensaba que era algo así como que vuelves a casa después de disfrutar lo mejor de la independencia y te sientes encerrado, controlado. Lo que pasa es que a mi eso del control parental ya se me pasó hace mucho tiempo, ejem (si es que alguna vez llegué a estar sometida a algo así, ya se sabe que yo era muy buena y no necesitaban atarme en corto precisamente…). Y entonces me doy cuenta de que no es eso. Es más bien que sientes que has vivido algo muy especial, algo que te cambia la perspectiva de las cosas, que te amplía la mente, que oxigena tus principios y que remueve tus cimientos. Parece que te desestabiliza, pero en realidad te fortalece. Y vuelves y, como es normal, quieres compartirlo.

Pero no puedes. No es que la gente no te quiera o no lo importe lo que has pasado. Son dos cosas: primero, como no han vivido esas experiencias contigo, no lo entenderán nunca como tú. La visión desde fuera es muy distinta a la que se tiene desde dentro. Es normal. Segundo: sí, te quieren y les interesa… pero les aburre. Es aún más normal, a todos nos pasa. Es muy guay escuchar a alguien contándote un viaje a un sitio maravilloso en el que nunca has estado, o en el que sí has estado y por eso te gusta recordarlo; o ese apasionante tema de trabajo que les está haciendo exprimirse el cerebro o la paciencia o en el que han triunfado tras enfrentarse a jefes despiadados o compañeros trepas maliciosos; o una noche de copas de esas épicas en las que pasa absolutamente de todo y es tan surrealista que crees que te están contando un capítulo de Cómo conocí a vuestra madre, o así. Sí, sí, muy guay. Pero no más de cinco minutos, por favor. A la foto número 200 o a la quinta historia de Kimberly, a la que no has visto en tu vida, sólo quieres encontrar el botón del teletransporte inmediato.

Así que sólo queda repasarlo mentalmente y recordarlo con la gente que está desperdigada por el mundo y a la que sin embargo sientes tan cerca (milagro de Facebook y Whatsapp, gracias). El miedo, claro está, es que cada vez los vayas sintiendo un poquito más lejos, hasta que el cordón que te une y que parece de esos irrompibles de nylon o de elastán a lo mujer increíble, que se estira lo que quieras pero nunca se rompe, acabe deshaciéndose poco a poco. Porque, además, todos recordamos aquéllas despedidas de los campamentos del tipo “vamos a ser mejores amigos para siempre!”, “en enero voy a Madrid a verte por tu cumple, aunque viva en Katmandú y tengamos 9 años!” y demás. Son promesas que, por muy increíble que pueda parecer, nunca se cumplieron. ¿Pasará lo mismo esta vez?

Yo creo que esta vez es diferente. El hecho de tener trabajo para poder financiar las visitas –aunque dosificando…- y edad para viajar sin permiso de los progenitores facilita mucho las cosas. Esto ya no son cosas de niños. Llevamos meses pretendiendo serlo, pero no lo somos. Hemos disfrutado el disfraz de la libertad y la falta –o mitigación- de responsabilidades. Ahora viene la parte en que, como adultos, disfrutamos la segunda parte. Y también las hay buenas… Véase El Padrino (me lo han contado, aún no lo sé… ya, ya, lo siento) o El Rey León.

Así que toca ponerse las pilas. Las amistades siempre hay que cuidarlas (esa es una de mis teorías fuertes en la vida), pero si encima están lejos, hay que cuidarlas más por razones evidentes. Por lo pronto, ya están planeadas visitas varias. La primera con billete de avión, la segunda casi accidental y la tercera on the works. Me apetece mucho ver cómo va a ser esto de maullar en otro escenarios… Distinto, seguro; más real, probablemente también. Lo que está claro es que lo disfrutaremos al 100% y que no tardaré en compartirlo.



PD: mientras escribo esto, un amigo de mi padre se me acerca y me pregunta: “quién es él?”. Le contesto: “no hay él!”. Y entonces al rato vuelve y comenta “no sé qué hubo en EEUU, pero es un hijo de puta y lo voy a matar”. Curiosa la percepción masculina O.O

martes, 26 de marzo de 2013

COSAS QUE NO ME EXPLICO


(Por inexplicables o por falta de las conexiones necesarias en mi cerebro, no lo tengo claro)


- La bipolaridad de los taxistas. Es un fenómeno que me llama poderosamente la atención. Los taxistas -o farys- son bipolares, y su cambio de Dr. Jekyll a Mr. Hyde (siempre me cuesta acordarme de cuál es el chungo, así que no me voy a mojar) depende única y exclusivamente de mí. Jar? Cómo es esto posible? Pues bien: si yo voy dentro del taxi, son los seres más adorables de la historia, con conversaciones interesantísimas y casi siempre algún cumplido inesperado, desde que tengo un pelazo (fdo: un heavy... wtf?) hasta que qué estudio (fdo: un ángel, gracias). Eso sin contar con mi vecino de Aravaca, que es mi preferido por supuesto y ya no puedo ni contar las veces que me ha bajado a Madrid a altas horas regalándome sus consejos paternales ("ten ciudado", "no bebas demasiado", "ojo con los hombres que somos muy malos"...). ¿Qué les pasa entonces cuando en lugar de dentro del taxi estoy en el coche de al lado? ¿Por qué se transforman en seres indeseables que sacan los instintos asesinos de cualquiera? Mira que yo en el coche voy con una filosofía de lo más Zen y no me dejo amargar por nada ni por nadie... a menos que conduzca un coche blanco con raya transversal roja.

- Los atascos efervescentes. Un ejemplo: me acerco a la carretera de Castilla y resulta que está totalmente parada. Esto normalmente puede tener dos explicaciones: o está pasando el rey y la han cortado temporalmente, o ha habido un accidente. Pues bien, avanzo poquito a poco… Me acerco a típica colinilla que impide ver qué hay detrás (cambio de rasante? lo que sea) y cuando por fin la supero: puf! NO HAY COCHES DELANTE. Sinceramente, no se lo puede explicar nadie. Ni camiones, ni efecto zapatilla ni nada de nada. Misterio, incógnita.

- La incapacidad de algunas personas para contestar preguntas directas. No sé qué más añadir a este respecto, porque es tan simple como eso: di que sí o que no (a ser posible acompañado de excusa, por poner un poco de cortesía al asunto), pero di algo. Incluso que no lo sabes. Que te lo piensas. No es tan difícil. Eso sí, si estás posponiendo la respuesta… La estás posponiendo, no cancelando: aún no has contestado.

- El proceso senti"mental" de los hombres en general. Nunca se me dio bien la mente masculina, supongo…. Qué les pasa???

Hay mil y una cosas más que no me explico, pero me he cansado de escribir...

Feliz Semana Santa!

sábado, 26 de enero de 2013

FINDESEMANA

El cambio de la etapa de estudiante a la de trabajador tiene para mi, entre otras -muchas-, una gran ventaja: el fin de semana es MÍO. Ni estudiar ni sentirme mal por no hacerlo: el viernes uno cierra y hasta el lunes no se piensa más en el curro. Eso como norma, claro, que luego pasan cosas, pero así como principio no está mal.

Y el fin de semana da para tanto... Ya no es largo según te apetezca, eso es verdad (hete aquí con el minipunto para la vida del estudiante... El finde de jueves a martes para aprovechar allí donde te llevara el viento -o ryanair- unos días...). Pero igualmente, un poquito de viernes más sábado y domingo dan para mucho mucho.

Mis pequeños placeres del fin de semana: remolonear, la ducha de 20 minutos debajo de agua ardiendo, las camisetas guarras y las zapatillas, los vaqueros, el colacao frío frío por la mañana, los paseos, el cine... Las películas de dos palabras (allison allison). Las noches de pizzas y risas; las de copas y más risas. El pintalabios y la raya del ojo. Los aperitivos y las sobremesas. Los trivials, risks, contis y musetes. A veces, las chimeneas. Los viajecines en coche con la música a mil.

Adoro trabajar... Y adoro los findes. Es como esquiar: mola mucho, pero nadie puede negar que el mejor momento es soltarse las botas. O no?

martes, 1 de enero de 2013

RECAP

Pues ya está... Ya ha acabado 2012. Ha sido un año bueno en general, pero tampoco para tirar cohetes. Un año muy largo unos ratos y muy corto otros. Ha habido muchas risas, algunos llantos, varios viajes (Roma, Bruselas, Londres, Camboya, París, Sicilia), personas que se han sumado y otras que se han restado. Algunas desgraciadamente y otras gracias a Dios. Niños de los que me he enamorado, aquí cerca y allí lejos. Historias rotas y otras que han empezado. Ausencias destacables. Dos mudanzas (Arg! Pero al mismo tiempo... Bien!). Amor, el justo (que no el necesario). Mucho y feliz trabajo. Afterworks. Decisiones importantes. Nervios, tensión, expectativas. Menos cine del que me habría gustado, sobre todo porque ya se ha instalado del todo en mí lo que vengo a denominar "el virus del sueño en sala". Pocos conciertos, pero INCREÍBLES: Arctic (amor del bueno), Bruce (y más amor), Dcode (y más).

Para 2013 pido varias cosas a los Reyes Magos:
- Que nos ayude a levantar el ánimo general.
- Que me acepten en algún sitio bueno.
- Que no se alargue más de lo necesario la búsqueda de los que quiero de su lugar en el mundo.
- Que me traigan fuerzas para mis propósitos. A saber: callarme un poco menos; llorar un poco más (con más frecuencia me refiero, para que cuando por fin brote la lágrima no sea vergonzoso el caudal que genero); aprender a hacer buenísimas lentejas, tortilla de patata y paella; ser más buena; quererme mejor; hablar menos en inglés cuando no procede (vamos, ser menos hortera); aguantar -y saber andar- con tacones; ser un poco más cariñosa (y digo un poco porque se trata de que sean objetivos alcanzables, que si nací ajoporro como dice mi madre es previsible que no me convierta en winnie the pooh).
- Un viaje a Perú o volver a Portu, en función de como llegue el verano.

Gracias.