De puro taciturno el techo escucha
caer antiguas lluvias deshojadas,
plumas, lo que la noche aprisionó:
y así te espero como casa sola
y volverás a verme y habitarme.
De otro modo me duelen las ventanas.
Pablo Neruda. Soneto LXV (1960)
La espera. Pablo sabía a quién esperaba, a lo mejor eso ya le daba cierta ventaja, menos ansia. Aunque esperar a alguien en concreto no me suena a una gran reducción de niveles de ansiedad. Todo depende de la certeza de esa espera, imagino.
Yo no tengo ni idea de a quién espero. De hecho, hay muchas veces que creo que no espero (la mayoría del tiempo últimamente), pero otras en que sí noto mi estado en suspenso. Lo que sí me pasa es que ya no me produce inquietud, o al menos no tanta.
Septiembre es un bonito mes. Todavía hay luz, aunque uno va viendo cómo desaparece poco a poco. Asoman las primeras hojas de mis colores preferidos. Se va el calor agobiante, pero no el que se disfruta. Uno tiene el bonito recuerdo del verano todavía muy vivo. Para mí ha sido un verano sobresaliente, y eso que lo tenía muy difícil con esos precedentes de 2013 y 2014. Y he vuelto definitivamente reconstruida. Creo que ya no quedan rotos por coser, las cicatrices aún se ven pero ya están bien cerraditas. Es normal, eran años de desgarro! Estoy muy contenta con la evolución.
Los 30 me están sentando bien. Y aún no he llegado!!! Ahora sí soy consciente de ser una adulta. No me he librado de las inseguridades, pero las llevo infinitamente mejor. Incluso puede que un poco sí me haya librado. Soy consciente de mis limitaciones, pero no las cargo como una losa. Más bien aprovecho mis virtudes, de las que ahora también soy consciente.
No sé si hay algún hilo conductor en todo esto, pero el caso es que es mi estado actual. Eso sí, mezclado con una especie de revolución primaveral que me ha llegado a destiempo. Deben ser los coletazos de la euforia estival...
No sé si hay algún hilo conductor en todo esto, pero el caso es que es mi estado actual. Eso sí, mezclado con una especie de revolución primaveral que me ha llegado a destiempo. Deben ser los coletazos de la euforia estival...




