martes, 7 de abril de 2020

CUARENTENA. Los tiempos del coronavirus.


Nunca en nuestra vida hubiésemos imaginado estar en esta situación ni en una remotamente parecida. He leído a alguien que comentaba que nos estamos construyendo la batallita que les contaremos a nuestros hijos -mejor aún: a nuestros nietos-algún día:

"(Mucho) antes de que nacieseis, nos tuvimos que encerrar en casa durante x meses / semanas, porque hubo una epidemia mundial provocada por lo que llamábamos el coronavirus. 
Quedamos cada uno "atrapado" en la casa en que estuviera en ese preciso momento -14 de marzo de 2020-: vuestro padre/abuelo y yo en nuestro mini-piso de entonces, con sus 38 metros construidos; vuestro tío Pacho en la casita que teníamos en un pueblecito de Burgos de 10 habitantes, que durante ese periodo tan extraordinario duplicó su población gracias a los madrileños, entre ellos Pacho y sus amigos (¿conocerán nuestros hijos/nietos La Gallega? ojalá sí); el abuelo/bisabuelo Jami en Comillas, haciendo la mudanza de su casa nueva de Losvia; la abuela/bisabuela Cristina en casa de Luis pero trabajando sin descanso; los abuelos/bisabuelos Lita y Paco en casa en Granada... 
Fueron días de lo más extraños, de pura tranquilidad y a la vez una curiosa hiperactividad por buscar con qué entretenernos, en los que limpiábamos más que nunca, cocinábamos más que nunca, leíamos más que nunca... E incluso, por más extraño que pueda parecer, hablábamos más que nunca con la gente que queríamos. Esos días comprendimos lo que era de verdad importante."

Ya superada la fase de adaptación, que nos ha costado un poquito -sobre todo a mí, con días de una angustia difícil de contener-, hemos pasado a un estado de calma dulce. Hemos perdido en cierta manera la noción del tiempo, ya casi nunca sabemos si es martes o viernes o si estamos aún en marzo o ya ha llegado abril. (Nota: ahora mismo es Martes Santo, 7 de abril). Tenemos algunos hábitos, aunque ninguno tan marcado como la salida a "los balcones" (en nuestro caso, sacamos la cabeza por la ventana a falta de balcón...) todos los días a las 20h para aplaudir a los héroes de la pandemia: el personal sanitario, las fuerzas de seguridad, los trabajadores de la cadena de suministro. La verdad es que, para mí, es el momento más feliz del día, llegando en ocasiones a arrancarme alguna lágrima.

Vamos conociendo -aunque sea solo de vista- a nuestros vecinos de los edificios de enfrente: la madre e hija que se asoman por la ventana abuhardillada y que no se parecen físicamente en nada, la madre siempre fiel al momento de homenaje y la hija algo menos constante; la vecina que, cuando aún era de noche a las ocho de la tarde, se asomaba con su casa completamente a oscuras de forma que era imposible determinar si era una mujer, un hombre, su edad... y que desde que se ha hecho de día con el cambio de hora ya veo que es una señora mayor, con aspecto frágil, pero que aún así aplaude con una energía contagiosa y de la que todos los días me despido agitando la mano e incluso a veces lanzándonos un beso en la distancia; la madre rubia con su niño de unos dos años, que se llama Jacobo y que tiene una máquina de hacer pompas que alegra la calle, acompañados en ocasiones de la abuela materna, una señora con aspecto de extranjera, me imagino que es una señora inglesa elegante que lleva ya muchos años en España. El show diario que acompaña los aplausos está siempre compuesto por el Himno de España, Resistiré -que pasó de la versión del Dúo Dinámico a la de los artistas de Cadena 100-, Volveremos a brindar -compuesta para la pandemia por una chica para mí desconocida- y, a veces, con el electro-latino de Quédate en Casa -también "especial coronavirus"-. Algunos días se añade un Cumpleaños Feliz, siempre que algún vecino advierte el día anterior que hay algún cumple en su casa. De fondo escuchamos las sirenas de los coches de policía, que se unen al homenaje y responden agradeciendo a todos que nos quedemos en casa. A mí, en mi cursilería característica, me resulta un ratito mágico.

También hemos aprendido algunas cosas.

Lo primero, a no tomarnos muy en cuenta el uno al otro cuando tenemos malas contestaciones. Esto a mí particularmente siempre me ha costado mucho, porque soy una sensiblona -la dramas, diría Julián-, pero en estas circunstancias me resulta algo más sencillo porque me doy cuenta de que estando confinados es imposible estar siempre de buen humor. Tan fácil como eso. Espero mantenerlo cuando acabe.

Lo segundo, he tomado distancia de la situación tan tremenda que vivimos y de la sobredosis informativa que nos inunda. Los grupos de whatsapp echan humo con las cadenas de textos, vídeos e imágenes con teórica información (a veces cierta, la mayoría desgraciadamente bulos), consejos, chistes, ideas... La televisión se dedica casi en exclusiva a informar también, sobando tanto los temas que inevitablemente cae en el amarillismo y el morbo al que ya están tan acostumbrados. Es una avalancha tal, que a mí dejó de hacerme bien: empezó a crearme ansiedad. Así que he desarrollado una capacidad de abstracción estupenda para mantener la salud mental. Esto a Julián le está costando más. O a lo mejor es que no lo necesita, no lo tengo muy claro.

Por otro lado, estoy dedicando muchísimo tiempo a cosas que normalmente no soy capaz de hacer. Estoy aprendiendo recetas, innovando en la cocina, creando menús semanales sanos con considerables cantidades de legumbre, pescado y, sobre todo, mucha fruta y verdura. La carne casi ni asoma por aquí. He completado la limpieza de ropa (en vista a que nos mudaremos a un piso sin trastero y no me va a caber la barbaridad que tenía) y he ordenado los cajones de mi armario doblando en vertical a lo Marie Kondo. Solo quiero hacerles fotos y enseñarlas a todo el mundo. Vemos varias películas a la semana -y en general estamos eligiendo muy bien!- y seguimos series juntos.

Tratamos también de contribuir algo al mantenimiento de la poca hostelería que se mantiene aún operativa con el envío a domicilio, pidiendo una vez a la semana: los viernes son nuestro día de fiesta. De igual forma, yo intento comprar cosas en comercios españoles y lo más cercanos posible siempre que permitan el envío aplazado a cuando ya hayamos vuelto a la normalidad. Siento que somos unos privilegiados porque no vamos a sentir en nuestras propias carnes la crisis que se nos viene encima y eso nos da una cierta responsabilidad en apoyar a otros para que sus crisis sean cuanto menos incisivas, mejor.

En resumen, todo esto está suponiendo un reto considerable para todos. Y eso que, como digo, aprecio que mi reto es muy pequeño comparado con el de muchos otros. Igualmente trato de tomármelo como un periodo de aprendizaje. Ojalá nos dure. El aprendizaje, no el confinamiento.


martes, 25 de febrero de 2020

PRÓLOGO DE 2020

Sí, sé que llego un poco tarde, pero aunque no haya hecho aún una recopilación estricta de mis propósitos, sí que los he ido masticando. Mejor así que con la ansiedad del año nuevo, ¿no? Aquí van:

- Leer más. "Más", si es comparado con 2019, estaría absolutamente chupado, porque sencillamente no leí absolutamente nada! Jajajaja pero igualmente, leer más que la media de los últimos años- Digamos que con un libro por mes me doy por satisfecha! A día de hoy tengo 2 completados (los de Carmen Mola -La novia gitana y La red púrpura-, uno a punto -El extraño verano de Tom Harvey- y otro a medias -Sapiens-... Quiero recuperar mi afición por la buena lectura. Y, con ella, por la escritura. A ver si puede ser.

- Alimentarme mejor. En concreto, estoy incorporando la fruta (que siempre me ha dado muchísima pereza). Por el momento está siendo clave tenerla cortada y combinada de dos en dos variedades (papaya y fresa, piña y frambuesas, kiwi y arándanos...). Así se me quita la pereza totalmente, de hecho espero con ganas el momento fruta! En el desayuno, la media mañana o la media tarde. A veces, de postre. Mmmm!

- Aprender historia. Recuperar el -probablemente escaso- conocimiento que algún día tuve y ampliarlo. Quizá con el podcast de Nieves Concostrina, creo que puede ser un buen punto de partida. También me apetece leer la Historia de España de Pérez Reverte, aunque me da rabia no poder leerlo desde una perspectiva crítica por no saber suficiente.

- Tener paz, disfrutar del silencio, de las tardes de sofá, de la música. Después de un año vertiginoso, necesito serenidad.

- Reducir el drama, luchar contra mi revolución hormonal permanente y no sacar las cosas de madre cuando no corresponde. Esto es súper importante para la serenidad, pero sobre todo para no quemar al pobre Julián, que lo tengo frito y con razón. Potenciar mi lado alegre y calmar el ansioso!

- Lo del culo siempre seguirá pendiente, aunque reconozco que cada vez me resulta menos importante... Aunque la salud no debería de serlo y eso implicaría ejercicio, pero no tengo motivación alguna en esta sección. Podría proponerme andar, en todo caso. Veremos si lo ataco.


miércoles, 22 de enero de 2020

COSAS QUE ME ENCANTARÍA HACER CONTIGO


COSAS QUE ME ENCANTARÍA HACER CONTIGO (BUCKET LIST MARTIÑOS)

Tenía esta lista escrita en septiembre de 2018 sin publicar y, ahora que la he encontrado necesito publicarla sin tocar un pelo porque es algo maravilloso... CASI PLENO. En poco más de un año...

- Enseñarte Sigüenza y presentarte a la nonna
- Comer un buen ragù en Bologna
- Ir al cine
- Dar una vuelta en vespa, a ser posible en Roma
- Recorrer Cuba entera en coche
- Cocinar una buena paella
- Ir a un concierto de Arctic Monkeys
- Montar en globo
- Hacer una cena de Acción de Gracias con amigos queridos
- Ver la Aurora Boreal
- Darnos un homenaje en Viridiana
- Construir un mueble para casa
- Adoptar un perro

Y sobre todo... Tener unos hijos felices y buenos.

** Comentarios empezando 2020: 

- Por supuesto te he enseñado Sigu (incluso en fiestas) y te he presentado a la nonna, a quien fue y quien sigue siendo para mí. Yo creo que debe ser casi como si la hubieras conocido en persona. 

- Hemos comido maravillosos ragùs en Bologna en no uno sino dos increíbles viajes. En el primero te enamoraste de la ciudad al mismo nivel que yo y en el segundo... Me pediste la mano. Ni más ni menos. Ojo ahí la premonición. 

- Hemos ido al cine. No recuerdo ni siquiera qué vimos... Pero sé que fuimos. Y seguro que yo me dormí, pero no pasa nada porque me hizo feliz estar allí contigo. 

- Dimos una vuelta en vespa, aunque fue en Madrid por tu cumple y no por Roma. Podemos completar mi deseo, no hay problema. 

- Volvimos a Cuba. No la recorrimos entera en coche, pero nos empapamos de La Habana como queríamos. 

- Paella no hemos hecho! Solo risotto :).

- Fuimos a un concierto de Arctic, en julio de 2019, en el Mad Cool. Lo odiamos. Los dos! 

- Montamos en globo en Queenstown, Nueva Zelanda, como parte de nuestro viaje de novios. Fue el inolvidable regalo de tu hermano Fran y familia. Y fue todavía mejor de lo que me había imaginado.

- Nos dimos el homenaje en Viridiana, también en 2019. Y lo gozamos. Tanto que los dos sabemos que lo vamos a repetir. 

- No hemos invitado a una cena de Acción de Gracias... PERO hemos hecho acopio de todo tipo de artilugios para que cuando por fin la hagamos sea la más bonita de todos los tiempos: una vajilla hecha a mano maravillosa, unas fuentes de cerámica de Portugal preciosas y muy alegres, un mantel muy especial con servilletas bordados de Ecuador, una cubertería preciosa y súper completa, otra cubertería adicional de pescado que quita el hipo y con una historia detrás que nos toca la patata... Y lo mejor es que todo han sido regalos de boda de gente a la que adoramos.

Nos falta, por tanto, cocinar paella, recorrer Roma y el este cubano, ver una aurora boreal, hacer la cena de Acción de Gracias, construir un mueble para nuestra casa, adoptar un perro y tener hijos felices y buenos. Qué maravilla. Además no tengo duda alguna de que las haremos todas. Bueno, hay una que muy probablemente no, pero será porque lo decidamos ambos. 

Te quiero. Ese es el resumen de todo.