¿Verdad que no soy la única que recurre al autoengaño? Yo
creo que no, porque lo detecto en otras personas más veces de las que son sanas…
Claro que quién soy yo para aleccionar cuando a lo mejor soy la más
automentirosa de la tierra? Me encanta intentar convencerme de algo para evitar
un pensamiento indeseable. Y es una chorrada, porque engañarse a sí mismo viene
siendo, por concepto, imposible. Pero oye, yo lo intento y, al final, hay veces
que de tanto concentrarme se me olvida lo que me daba miedo.
Por ejemplo, ese momento en que crees que has perdido algo.
Mi técnica es muy básica: no lo busco y entonces me digo a mí misma que, como
no lo he buscado, en realidad no está perdido: es sólo que no sé exactamente dónde está. Esto no
funciona, seguro. Pero cuando la cosa en cuestión aparece sola cuando estoy
buscando algo distinto, me llevo un subidón y me reafirmo en lo bien que me ha
sentado ahorrarme la angustia. O el más frecuente en mi caso... las excusas para comprar. Que si es un chollazo, que si justo de esto no tengo, que si lo llevo buscando taaaaanto tiempo... Tengo millones. Y las uso prácticamente siempre. Lo que no me pasa casi nunca es no encontrar excusa e irme con las manos vacías. Para esto deben existir terapias...
Otro recurso que utilizo es el contrario a lo que pensé que
sería mi forma de ver las cosas en el trabajo. Me explico. Yo quería ser
abogada de familia (horror que esquivé Boss mediante). El problema es que soy…
muy sentida jaja. Un poco dramática, incluso. Los asuntos personales me afectan
mucho, y de haber entrado en terreno tan íntimo probablemente habría caído en
depresión más veces que cobrado facturas. No parecía rentable. Así que metí la
cabeza en un área aséptica, fría, donde debe imperar el sentido común. Todavía
creo que casi siempre impera, aunque imbéciles hay en todas partes, eso es un
hecho. Pero en general, los sentimientos y las emociones rara vez se cuelan en
un contrato de agencia, una due diligence
o una escritura de modificación de estatutos.
Me estoy enrollando y no llego al truco. Todo esto era para
decir que lo que ahora hago es, cuando ocurre algo muy personal y veo que me va
a afectar (y del efecto no voy a sacar nada positivo), lo convierto en un
asunto práctico, como si fuera de trabajo, y lo intento solucionar, neutralizar
o terminar aplicando ese mismo sentido común. Y punto. Aún es algo nuevo para
mí, no puedo garantizar que funcione. Tengo días que creo que sí y otros que ni
de coña. Porque en fin, una es como es y tampoco me puedo hacer de hielo tan
fácilmente. Pero un poquito de relativizar viene muy bien.
Como decía, yo soy muy dramática. Pero eso siempre lo he
sido y, como ya me di cuenta hace tiempo, lo que hago es no tomarme a mí misma
muy en serio (aquél pánico a que me abandonaran mis padres en las gasolineras…
Qué tipo de película de Antena 3 me generó semejante trauma??). Me pasa mucho
que me monto un novelón en la cabeza (como todos, claro). Los míos son muy
largos, llego al final de los finales. Y normalmente implican tragedias griegas
por lo menos. Del rollo “uy qué dolor de cabeza – mierda seguro que hay un
tumor – uf qué putada para mis amigos – tendré que buscar a alguien que me dé
un jeringazo – o a lo mejor no da ni tiempo – tengo que acordarme de dejar
escrito lo de que dejo unos eurillos para que se vayan todos de cenón en mi
honor!”. Todo esto en cuestión de segundos, por ejemplo en lo que dura un
semáforo en rojo. ¿Qué pasa? Que como ya sé que al final todo esto viene de una
neurona que debió desconectarse en mi cabeza cuando era pequeña, pues yo misma
lo descarto por altamente improbable. Puede que no debiera exponer estos
asuntillos que me pasan por la mente… ¿Se me puede encerrar contra mi voluntad
usando esto de prueba de mi falta de cordura? Corramos un estúpido velo…
Otro remedio casero y mental es súper útil para los cabreos.
Hablo de cabreos personales, con gente que te importa. No aplica en ningún caso
a los rebotes por interactuar con esa gente desagradable con la que te a veces
te cruzas medio minuto, que aunque es escasa, la hay. Estoy llegando a la
conclusión de que casi el 100% de los enfados se pasan si lo enfocas con empatía.
Es decir, cuando alguien te hace algo que te molesta puede que tengas razón, no
digo yo que no. Pero lo más seguro es que, si te pones en los pies de ese
alguien y en intentar entender qué le ha llevado a hacer lo que ha hecho,
entiendas de dónde sale su actitud. Y eso no convierte sus acciones en buenas o
razonables, lo que ha hecho seguirá siendo seguramente una gilipollez (o, peor,
una hijoputez). Pero el cabreo o la rabia desaparecen… Porque lo comprendes y
lo puedes perdonar. A lo mejor suena muy tonto o muy cursi, pero esto a mí sí
que me funciona. Y no sólo eso, sino que creo que me hace una persona más
feliz.

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