¿Qué pasará que, una vez llegas a la década de los 30, la gente pierde todo el sentido de la prudencia? ¿Es definitivo que en esta década los cambios TIENEN que sucederse, y cada vez más y más rápido? ¿Quién lo ha decidido? Es una época en la que el mundo te presiona constantemente. Al menos, a las mujeres... No sé si tanto a los hombres, porque con quien más lo he hablado es con mis amigas mujeres. Pero me imagino que a ellos también...
¿Cuándo nos presentas a tu novio? ¿Cuándo os casáis? ¿Cuándo os animáis a los niños?
¿Cuándo le dais un hermanito? ¿Os plantáis o vais a por el tercero?...
Y así un largo etcétera. Son... las temibles preguntitas (****Nota: Espero haber conseguido con la misteriosa puntuación y esa negrita tan dramática que se haya leído con voz de Gloria Serra, de Equipo de Investigación; es fundamental. De lo contrario, por favor, volved a leerlo.****).
Perdona... ¿Cómo dices? De verdad que no comprendo. Realmente no me entra en la cabeza. Es cierto que cuando vienen de alguien que te quiere, asumes que no es cotilleo sino genuino interés por tu vida personal, mezclado con (seguramente) ganas de que pase por pensar que es algo bonito que vas a disfrutar y quieren compartir contigo. Es cariño. Aunque eso no resta presión al asunto; al revés: la presión es en todo caso mayor, porque viene de gente que tú también quieres y a la que das más importancia. Pero bueno, al menos no da tanta rabia.
Lo que me cuesta más es que las preguntitas vengan de gente que te conoce y punto. Que realmente no les "importas" en el sentido completo de la palabra. Que si te casas, no irán a tu boda (porque no los vas a invitar) o, si tienes hijos, lo más seguro es que nunca los conozca. Entonces ¿por qué la preguntita impertinente? ¿a qué viene? Es que a mí ni se me ocurre preguntar algo tan personal a alguien con quien no tengo verdadera confianza!!! E incluso ni siquiera cuando la tengo... Pero bueno, asumo que a lo mejor yo soy prudente de más. Siempre fui de tendencias diplomáticas.
Son preguntitas con un calibre de inoportunidad del tipo "y tú, ¿no has pensado operarte la nariz?", "no te parece que va siendo hora de que te asciendan?" o "¿con qué frecuencia vas al baño cada semana?". Una opción es contestar directamente así, con otra pregunta, subiendo la apuesta a ser posible. Doble o nada. O con un contundente "cuando me dé la gana". Todo ello con una súper sonrisa, al estilo Pantoja. Y es que hay veces en que pienso que es preferible ser borde con los impertinentes, para que sientan un poquito de esa incomodidad que trasladan a los pobres preguntados indefensos.
Me acuerdo de un chiste que era parecido a esto. Cuando la típica tía abuela lejana (o no) y cojonera (eso es imprescindible) te suelta "bueno, qué, ¿todavía no [inserte aquí el supuesto próximo paso vital, gracias]?" no hay nada mejor que contestarle con un "y tú, ¿todavía no te has muerto?".
Por supuesto, estas son cosas que pienso pero NUNCA jamás haré, como buena elusora de conflictos. Que quién diría que soy abogada, no? Jaja, pues sí. Lo soy. Pero los pleitos los tengo SOLO en mi cabeza. Y en este, mi blog. Que es como una visual de mi cabeza. Peace and love. ✌💗
** Nota número 2: me leo y me sueno como con un regustillo de resentimiento y agobio... Y la verdad es que para nada. Me pregunto esto a mí misma más por el asombro de experimentar las preguntitas con tanta frecuencia que por haberlas sufrido... Tengo suerte porque a mí personalmente me resbalan. Pero sé que a mucha otra gente no. De ahí mi denuncia. Ja!
1 comentario:
Jajajajajajajaja
Yo las he sufrido y sigo sufriendo y no, no me resbalan... Aunque lo intento!! Igual opto por un "cuando me de la gana" jajajaj
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