viernes, 23 de diciembre de 2016

EL AÑO DE LA DUALIDAD


2016 ha sido un año altamente contradictorio para mí. 

En el mundo ha pasado todo lo que no se esperaba, y es que cada vez que se ha preguntado al "pueblo" resulta que ha salido la respuesta que trataba de evitar el "preguntador"... Que si Trump, el Brexit, el No al acuerdo de paz en Colombia, el No a la reforma constitucional italiana (que por cierto, a las alturas a las que preguntaron ya era pa pegar collejas de las de Sole en 7 vidas... es que no habéis visto lo que pasa, monadas??). Un año plagadito de disgustos, vaya. Uno detrás de otro. Por no hablar del terror, ese que quieren meternos en el cuerpo numerosos inhumanos individualmente desalmados, que no tienen otro nombre ni sus acciones otra explicación posible, y contra el que nosotros luchamos como podemos, como gato panza arriba. Que a veces parece que gana, que nos invade. Que ojalá consigamos desterrar definitivamente... 

Sobre esto, sigo pensando que la "cura" es el amor. Yo soy así de romántica y espero que nadie consiga convencerme de lo contrario. (Y sí, ya sé que yo lo llamo ser romántico y otros lo llamarán ser gilipollas... Pues que les cunda. Seguro que son también los que van gritando en los atascos.) El problema es que es una cura a tan largo plazo que es muy difícil de aplicar de manera constante, manteniendo la intensidad, y necesita acompañarse de pequeñas inyecciones de vacuna más inmediata. Cómo me gustaría tener la respuesta, la solución a todo este dolor. Y no sólo es el dolor de la guerra (sin minimizarlo, que soy consciente de que no llego a entenderlo ni en una ínfima parte), es el dolor más íntimo también. El dolor que sufren tantas personas por los ataques morales (incluso a veces físicos, como si estuviéramos en el siglo II o algo así) de la intolerancia, la incomprensión y el desprecio. Con lo fácil que sería querernos todos y cada uno a lo suyo. A lo mejor fácil no es la palabra, pero bonito seguro. Precioso.

Lo que ocurre, gracias a Dios, es que a pequeña escala, en pequeñas burbujas, está la gente. Y en la diminuta burbuja en la que transcurre mi diminuta vida sólo hay gente maravillosa. No estoy exagerando... Es que tengo una suerte que no me la creo. Cada día doy palmas con las orejas. Reconozco un cambio de perspectiva, eso sí. Antes trataba de agrandar la burbuja, porque pienso que el corazón tiene una capacidad infinita y no tiene límites en cuanto al número a acoger. Ahora sigo pensando lo mismo, sólo que me he dado cuenta de un detalle que lo matiza: el tiempo no es infinito. Y quiero tanto, tanto a la gente a la que quiero, que prefiero no repartir mi tiempo con más, por si no me llega para todos. Qué tontería, no? Pues esto me pasa. 

[Me parto porque yo empezaba a escribir esto como mi particular resumen de fin de año y se me ha ido de las manos! Ja!]

Si vuelvo a la idea inicial -usease, el resumen del año- tengo que (i) cagarme en todo lo más barrido por lo que pasa en el mundo, porque esto no tiene nombre; y (ii) dar gracias infinitas por lo que me pasa a mí, porque estoy la mar de contenta. Jajajajaja qué bonitas son las frases de señora. No las perdamos nunca, por favor. Madre del amor hermoso, vaya día tonto llevo. 

Total, que mi año ha sido precioso, que me ha encantado, que quiero muchos más así. Me he conocido un poquito más a mí misma; he conocido un muchito más a mi rana, y cada día le quiero más; he conocido bastante más mi país, en visitas más o menos fugaces: Salamanca, Granada, Cantabria, el Montseny, Segovia (provincia), Alcalá de Henares, Ibiza... Estoy encantada!! En un plano más transfronterizo, he explorado sitios nuevos e increíbles en México (San Miguel de Allende y Tulúm son dos auténticos paraísos) y he podido recorrer media Cuba, que me ha enamorado. Cuento los días para poder conocer la otra media... Sin planes inmediatos, pero con la tranquilidad de saber que lo haré algún día. 

Y encima, como bonus, tenido la suerte de ser testigo de mogollón de nuevos fichajes para el mundo (general y el mío propio) que prometen, pero mucho!!! Vivo enamorada de un sinfín de bebés, más o menos gorditos, que crecen por minutos y todo lo aprenden. Son la garantía de que todo tiene que ir a mejor, no puede ser de otra manera. 

A 2017 no le pido nada para mí, que no me hace falta (y si me hiciese pues ya me lo buscaría yo por mí cuenta). Sí que le pido que se porte un poquito mejor con todos. Por favor. Anda... 

R.-

No hay comentarios: