lunes, 10 de julio de 2017

COSAS QUE NO ME EXPLICO (IV) - va de hacerse mayor

Del futuro hay varias cosas que me inquietan y me tienen un tanto angustiada últimamente. Vengo hoy a hablar de una de ellas. Y empiezo pidiendo disculpas, porque de este tema no se debe hablar. Me espanta, de hecho. Pero este es mi "diario" y aquí no hay temas prohibidos. Así que ahora mismo retiro mis disculpas! Jajajajaja

Ahí va...

Creo que es físicamente imposible tener una familia. Me refiero a una familia de más de dos miembros. Y cuando digo físicamente, quiero decir económicamente. Físicamente sí creo que poderse, se puede. Si no lo permitiera la biología, por el motivo que fuere, ya se encargaría el Derecho. Ya me voy por donde no viene a cuento! Vuelvo al principio. El problema es... El poderoso caballero. Qué horror y qué decepción conmigo misma, nunca pensé que me volvería ambiciosa en un sentido económico! Y, sin embargo, ahora me siento el tío Gilito. En sus inicios. Porque rica no soy, como vengo a exponer.

Mi proceso mental es éste: (i) para alcanzar mis metas personales, resulta que hace falta una tonelada y media de pasta; (ii) pensando en una tonelada y media de pasta, con mis ingresos y los de mi rana no tenemos ni para empezar; (iii) ¿tendríamos entonces que cambiar de estrategia de vida?; (iv) pero es que a mí me gusta mi trabajo...; (v) ya, pero... ¿seguro que no hay nada en el universo que te guste más y además te haga forrarte? (vi) jaaaaajajajaa mira a ver si descubres el secreto de la eterna riqueza tú sola anda, guapa. Es en este preciso punto es en el que, inexplicablemente, me frustro.

¿Parece que tenga unas metas personales muy fuera de lo común? En mi opinión no es así. Me gustaría tener hijos -a ser posible, más de dos... Más de uno, seguro-. Y también me gustaría poder ofrecerles una buena educación. Que aprendan inglés y que puedan estudiar lo que decidan. Que no tengan que renunciar a ello porque sus padres no se lo pueden permitir. Y que vivan en una casa digna. No quiero una mansión, ojo, sino una casa digna (esencialmente, donde quepamos y podamos tener un poco de espacio personal además de espacio común), en una zona en la que esté tranquila con cualquiera de nosotros paseando solo por la calle de noche (teniendo ese cualquiera la edad suficiente para ir solo, entiéndase). Y también quiero que coman bien, sano. No tener que recortar en la calidad de los alimentos. Cuidado, que sólo hablo de calidad. No pretendo que mi familia cene langosta, caviar y angulas como alimento base, qué pereza. Pero ir al pescadero y llevarme una rica merluza o un buen salmón, eso sí. O llegar a la frutería y poder comprar unos tomates que sepan a tomate.

Pero es que resulta que todas estas cosas son carísimas y yo, pues... me agobio. No sé a qué viene el agobio ahora, porque no es que esté haciendo planificación familiar precisamente. Pero es que tengo 31 años ya. TREINTA Y UNO. Sí que es edad de tomar decisiones financieras, no? Como dice una persona a la que quiero mucho muchísimo: si ahora, sin responsabilidades más allá del alquiler y pasarlo bien, no soy capaz de ahorrar... ¿cómo voy a tener una hipoteca? ¿ponerles pañales a mis hijos? ¿irnos de vacaciones a desconectar? Voy a tener que ir apretando. Lo del cambio de estrategia vital a lo mejor es un poco drástico, pero cerrar un poco el grifo y empezar a ahorrar no estaría de más.

Y sí, ya lo sé, soy consciente. No me hace falta que me descubran la pólvora. ¡Sorpresa! Resulta que la gente tiene familias. Y resulta que no todas son millonarias. Casi ninguna lo es. Pero, ¿cómo carajo lo hacen? Es otra de las cosas que, la verdad, no me explico...


No hay comentarios: