- NO al traje sin calcetines.
- NO al tanga-short. En serio, por muy buen culo que tengas. No hay necesidad de enseñarlo sin tapujos, lo vamos a admirar igual. Un buen culo sigue siendo un buen culo aunque vaya cubierto -siempre que no sea con una manta zamorana, se entiende-.
- NO a las cejas pintadas. Me refiero a las cejas carentes de pelo y recompuestas a base de lápiz o similar.
- NO a las uñas-garra-picuda, ni a las de gel largas con terminación cuadrada.
- NO a las Dr. Martens de caña alta y suela tocha. Menos aún si eres una persona de dimensiones escuetas. No, no y no.
- NO a las zapatillas gigantonas de tipo galáctico que poco a poco nos inundan. Las Fila siempre fueron horrorosas, pero meritoriamente se van superando a sí mismas. Balenciaga está haciendo mucho daño.
- NO al maquillaje efecto máscara, ese que cubre con una capa de dos centímetros la piel. Lo he visto mucho en Londres y en las típicas fotos de Instagram de influencers de estética. Me parece un espanto... Con lo bonitas que son las pecas, por ejemplo.
Luego aparte están otros temas que se ven en pasarelas y alguna que otra famosilla (o famosaza, ese no es el punto), pero que gracias al cielo al menos no parece que se hayan trasladado a las aceras reales con demasiado éxito. Temas como las botas de plástico transparente (se agradece la falta de difusión, aunque imagino que los podólogos estarán más tristes que yo porque verían en ellas grandes aliadas para lanzarse al estrellato definitivo). Prefiero no rebuscar más en el imaginario, que últimamente duermo regular y seguro que esto no ayuda.
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