viernes, 3 de octubre de 2014

ADVERTIDO QUEDAS

No sé si existes o no. De ser que sí, podría conocerte o no. A lo mejor nos hemos cruzado mil veces, a lo mejor nunca. En cualquier caso, por si se da la múltiple circunstancia de que: (i) existes, (ii) nos cruzamos, (iii) nos conocemos, y (iv) te quedas, quiero advertirte de algunas cosas. Ahí van.

No soy normal. Nada, nada normal. No te va a servir apoyarte en experiencias previas porque voy a improvisar y yo improviso raro. No estoy presumiendo de ser alguien original, porque esto no es algo de lo que esté particularmente orgullosa, pero es que es un hecho y es mejor que lo sepas.

Soy un poco insegura, pero tengo mis arrebatos de seguridad y confianza. Ni una cosa ni la otra tendrán que ver contigo, tienen que ver sólo conmigo. Así que no deberías sentirte culpable o halagado por mi alta o baja autoestima, o por la alta o baja estima que yo tenga en cada momento de nuestra situación puntual. ¿Tiene sentido esto para los oídos de los demás? No estoy segura, pero en mi cabeza está clarísimo. Bueno, y si te sientes halagado además debes saber que no me pareces una buena persona.

Me gusta mucho planear. Me encanta. Lo que pasa es que no me gusta ser la única que lo hace… También me encantan las sorpresas, me encanta escuchar sugerencias y propuestas. Me hacen mucha ilusión. Y si hay una falta absoluta de ellas, me frustro. No me enfado, pero me pongo triste… Y eso es mucho peor.

Mis amigos y mi familia son lo más importante que tengo. Por lo menos, por ahora, hasta que tenga una familia dependiente de mí. Y comprendo que los tuyos también lo serán para ti, no me molesta en absoluto. Esto no debería suponer un problema hasta un nivel de compromiso importante, para entonces quizá no aplique nada de lo antedicho, ni de lo que queda por decir.

Necesito comunicación. Me frustra terriblemente la falta de ella. No es que yo sea una fuente de claridad ni nada parecido, pero si no me entiendes, me preguntas. Y si yo no te entiendo, te pregunto. Creo que es lo más sencillo.

Nunca, nunca, nunca te quedes por comodidad. Por favor. Si en el fondo preferirías no haberte parado aquí, vete. No quiero que te quedes si tú no quieres quedarte. Te lo pondré fácil además, sé encajar bien los golpes... Así que adelante.

Me duermo en el cine y viendo películas en casa. Siempre. Bueno, el 85% de las veces. No te ofendas! No es desinterés… Si quieres que vea algo, dame un codazo. No me voy a enfadar!

Mándame flores. O tráemelas cuando vengas a verme. No necesito grandes ramos, puede ser una margarita que coges en un descampado. Lo que sí preferiría es que no fueran rosas… No me gustan nada las rosas. Las demás flores me encantan todas -creo.

No quiero regalos caros, me muero de la vergüenza. Prefiero la falta de demostraciones de cariño en público. Bueno no, cariñoso sí te dejo ser, pero que no te pases, vaya. Los grandes gestos con gente alrededor también me dan vergüenza… Cuando no nos vean, lo que quieras!

Hazme reír. En realidad, lo más probable es que, si no me haces reír, no me quede yo. Pero por si acaso…

Enséñame cosas. Comparte conmigo lo que sabes sobre lo que te interesa, aunque creas que es raro y que a mí no me va a importar. Me gusta muchísimo oír a la gente hablar de las cosas que les mueven, aunque a mí me resulten indiferentes 100% (como las cosas que empiezan por p, que siempre me han dado igual: peces, pájaros, planetas…). Seguro que si me lo cuentas tú, me van a interesar muchísimo.

Métete conmigo. Con dulzura, claro está, pero ríete de mí. Y que no te moleste que yo me ría de ti. Es la forma que he aprendido para demostrar aprecio… Igual no lo parece, pero es algo bueno: si me meto contigo es porque me gustas como persona. Lo contrario no aplica, a veces hay personas que me gustan pero no me meto con ellas. Es un click, está o no está.

Acompáñame en mis impulsos. Generalmente implican viajes, así que si ese tipo de aventurillas no van contigo, la verdad no sé si yo sí.  

No me mientas. No te pido que me escupas a la cara todo lo que piensas, porque creo que la delicadeza está muy infravalorada y es fundamental en todo ser humano. Pero no me mientas, por favor te lo pido. Quiero saber todo lo importante, sea bueno o malo. Prometo que tengo una capacidad de perdón enorme, pero lo que me cuesta olvidar es una mentira. Soy absolutamente leal. Exijo lo mismo.


Entiendo que no es muy bonito partir por lanzar este tipo de advertencias en tono amenazador. Ni muy romántico ni muy de Disney. Lo sé, pero me da igual (y mira que yo soy muy Disney…). Prefiero que las cosas estén claritas desde -antes de- el principio. Llámame loca. Ahí no te ibas a equivocar…


 Always kiss me goodnight.

martes, 30 de septiembre de 2014

PREGUNTAS

Me pregunto si me echas de menos o si, como intuyo, has apartado de tu mente este capítulo y te centras en tu presente y tu futuro, como si yo nunca hubiese tenido nada que ver en él. Si alguna vez tuve algo que ver en él. Si sigues teniendo colgada en la pared una foto de la luna. Si te has decidido a aprender a entrenar dragones. Si has escrito alguna línea sobre lo que sientes, lo que quieres, lo que te excita, lo que te ilusiona o lo que te angustia. Si tienes alguien a quien dar los buenos días al encender el móvil y las buenas noches al apagarlo. Si te arrepientes de algo. Si te sientes aliviado. Si miras mi hora de conexión en whatsapp. Si me has leído o si me vas a leer. Si piensas en mí. Si volveremos a hablar alguna vez, a escribirnos. Si para ti ha merecido la pena. 

Y entonces, como dice Mayte, me doy cuenta de que estoy en el punto equivocado. Que debería, en todo caso, analizarme a mí misma. Si te echo de menos. Si entrabas en mi futuro. Si quiero conservar las cosas que me recuerdan a ti. Si me arrepiento de algo. Si me siento aliviada. Si estoy pendiente de lo que puedas estar haciendo, como si fuera a enterarme por ciencia infusa. Si escribo para que me leas o para desahogarme. Si pienso en ti. Si para mí ha merecido la pena. 

Creo saber las respuestas de todas las preguntas, lo que no sé es si serán las mismas con el tiempo. Revisitaré estos pensamientos, a ver cómo evoluciona el espíritu...

lunes, 29 de septiembre de 2014

COSAS BONITAS


Estoy muy negativa, eso es un hecho. Así que he decidido, después de intentar verter en unos tristes –y sobre todo sinceros- párrafos mis angustias del momento, hacer una lista de esas que tanto me gustan sobre las cosas que me están haciendo feliz estos días. Ahí van:

- Ha llegado el otoño, que es mi estación favorita. Quizá no es la ideal cuando uno está melancólico, porque los días grises parece que luchan por sacarte unas lagrimillas o algo. Pero hay que respirar hondo, soltarlas si hace falta, y disfrutar del fresquito que llega por fin, de los edredones, las mantas en el sofá, los colores de las primeras hojas que van cayendo, los fulares, los calcetines, las últimas terrazas.

- La sonrisa de Dominica por las mañanas al darme los buenos días, siempre de lunes a viernes, y preguntarme por mi familia. Cómo le pide, como ella dice, a “su Dios” que me regale “un marido tan bueno como yo”. Y esos ojos tan increíbles, que me recuerdan a la famosa e híper mentada portada de NG.

- Tener a Pacho cerquita. Bajar con él a Madrid las mañanas que me quedo a dormir en Aravaca, cuando me obliga a poner su música (tampoco es que me resista, tiene bastante buen gusto) y hace sus bailecillos de hombros que me dan una grima terrible pero siempre me hacen reír.

- Escuchar a cada persona que conoce mi casa (o repite visita) decir lo bonita que es y lo bien que me está quedando. Que sé que no está bien que yo lo diga, pero es que es así. (Ole-ole, esto no ha sonado nada a mi madre… Los años van haciendo mella).

- Un par de niños a los que comerme a moflete lleno, el uno con sus pantalones pitillo amarillos y el otro con su armadura de motero en tamaño XXS.

- Las películas de sentirse bien. Llevo dos este mes, casualmente relacionadas con la cocina… Luego tengo pesadillas de ser un monstruo marino que todo lo engulle, y todavía me sorprendo.

- Terminar ese libro tan malo. Bueno, feliz feliz no me ha hecho, pero es que me estaba aburriendo tanto… Me equivoqué, yo no era público objetivo, me sobran unos 10-12 años.

- Un regalo maravilloso que va a estar lleno de abrazos: fin de semana de reencuentros varios en París. Amigas a las que adoro y echo de menos sin parar. Queso, vino, algún croissant beurre, seguro. Saint Germain des Prés.

Mira, ahora me siento mucho mejor. 

MIEL

Ahora no sé qué hacer con tantos besos que todavía me quedan dentro y que de repente ya no tienen dueño. Porque si por lo menos desaparecieran con él… Pero no, yo todavía los tengo. Igual que los secretos sin contar, las sorpresas sin desvelar, los planes que en algunos rincones de la mente empezaban a asomar aunque no hubieran pasado al plano consciente, las esquinas sin explorar. ¿Qué hago con todo esto? No me vale hacer un mercadillo, como con todas las cosas que no me caben en casa. Es quizá un reajuste parecido… Pero no es igual. Porque el sitio donde antes estaban estas cosas de las que ahora me desprendo sigue estando donde estaba, aunque yo me relocalice. Pero los “sobrantes internos” no los quiero regalar, no los puedo vender. Se han quedado huérfanos. Se formaron para un solo destinatario, que no era yo. Entonces, repito, ¿qué hago con todo esto? Entiendo mejor que nunca esa cursi expresión de quedarse con la miel en los labios. Tengo que decir que es terrible, porque por mucho que intentes chuparla para dejar de notarla lo más rápido posible, ahí sigue la estúpida miel, pegajosa y tenaz. Bueno, y no tan dulce.

Comprendo que esto forma parte de la vida. Que a todos nos pasa, antes o después, una, dos, mil veces. Que todos las vamos superando, que sólo hace falta tiempo. De lo que no estoy segura es de que nos recompongamos al completo. Quizá quede una pequeña parte estropeada. Puede que un dos por ciento. Ese maldito dos por ciento, con el que tampoco sé qué hacer…


No soy tan fuerte como pensaba, me ha pegado más duro de lo que había calculado. A lo mejor me hacía falta para crecer, para entrenar el corazón y acabar sacando bola. Sólo el tiempo dirá si esto ha sido para mejor. Habrá que hacerse con la miel una coraza.


PD: observo con ironía que la última entrada era del 25 de abril... La vida va de graciosa, y a veces no tiene ni puta gracia. 

viernes, 25 de abril de 2014

ME RINDO


Quería lanzarme a escribir, pero he acabado en lo que más hago en esta temporada... Leyendo. Y me he encontrado con esto, que me ha hecho simplemente rendirme. Hoy no debo escribir, debo sólo referir y desviar a este precioso artículo, porque no voy a conseguir transmitir más con mis palabras que con las del Sr. Terrés. Muy agradecida!

http://blogs.revistagq.com/nadaimporta/2014/04/no-te-vendas/


martes, 3 de diciembre de 2013

EL AMOR PLATÓNICO Y LA VERGÜENZA AJENA


Dos fenómenos que podrían no tener nada que ver. De hecho, así parece. Pero en mi interior están estrechamente relacionadas al unirse en la figura de... Alex Turner. Porque es posible que mi amor por él dure toda la vida. Y porque, al mismo tiempo, no puedo de la vergüenza ajena cada vez que lo veo sobre un escenario o leo una entrevista suya, todo desde la transformación californiana. Porque antes era un chico tímido y oculto tras un pelo casco muy brit-pop, que escribía como quería y cantaba menos bien, pero daba igual, porque no estaba en su voz su atractivo. Eran más esas últimas consonantes -especialmente la k-, a las que nunca renuncia. Las palabras desconocidas (cuánto inglés he aprendido!). Y entonces... llegó el ego. La primera impresión, 27 de enero de 2012, fue de "hum... se ha hecho un hombre! viva!", porque la chupa de cuero le daba un punto, no lo puedo negar. Pero se ha pasado mil pueblos. Lleva tupé y un peine en el bolsillo que saca con excesiva frecuencia para un uso ni siquiera inspirado en Danny Zuco, es incluso un poco Kenickie. Pone posturitas. Mueve la cadera. Ahora lo que me hace es ponerme muuuuy roja y sonreír contenidamente abriendo mucho los ojos. No quiero que lo vean así, porque ese no es MI Alex. Para que se me entienda, el antes y el después:

Antes
Después

En fin, vaya sarta de chorradas, para variar. Pero ya me he quedado más a gusto. Esto me da pie a darle vueltas a estas dos cosas tan raras por separado...

1.- La vergüenza ajena. Es un fenómeno muy extraño, creo que provocado por inseguridades estúpidas. Por eso lo más normal es sentirlo en la adolescencia, y generalmente provocada por tus padres. Porque había momentos en que querías que te tragara la tierra... Corrijo: que LOS tragara la tierra, para que la gente no fuese testigo de su imperdonable desubicación. Y para los que tenemos el sentido del ridículo híperdesarrollado, esta sensación se repite con frecuencia. Cuando una tía cualquiera canta a lo "Maraia" -o Tenesoya-, lo haga bien o mal; cuando un tío, generalmente gordecho y probablemente del sur, hace una broma sin gracia alguna, en voz muy alta para que todo el mundo de alrededor se ría; cuando Van Damme baila la vaina loca (no así cuando se despatarra entre los dos camiones, eso merece una ovación); cuando una ex-niña-Disney toma la decisión de hacer de guarrilla penosa cada vez que vislumbra una cámara; cuando un grupete de púberes seleccionados por un productor haitiano presenta su primer "single", en directo, delante de la boy band más famosa de todos los tiempos, fusionándolo con el mayos éxito de los susodichos, sin prestar atención a sus miradas de confusión -entre el "debe ser broma, voy a reírme" y el "o no... igual lo hacen en serio"-. (Nota: sí, soy fan, la mayor fan de los Backstreet Boys mientras no se demuestre lo contrario. Es perfectamente compatible con los Arctic Monkeys, qué pasa?)

2.- El amor platónico. Ese maravilloso invento de quien mueva los hilos. Porque el amor platónico es perfecto. Tiene mucho de lo bueno -no todo, lo reconozco-, pero nada de lo malo. No se estropea, no se da de sí, no se reblandece, no cansa. Un amor platónico puede quedar relegado a un rinconcito del corazón en el que no siempre reparamos; pero entonces vuelves a verlo, oírlo, leerlo o recordarlo de cualquier manera y te das cuenta de que sigue exactamente igual de vivo. Y es precioso... Y siempre será tuyo. Porque depende 100% de ti. No hay otro que tenga que sentir lo mismo para que exista un equilibrio, porque el amor platónico es, en esencia, desequilibrado. Podría haber un equilibrio si fuese bidireccional (en ese caso, pasa a ser un amor imposible), pero esos pueden doler un poquito. Además, el amor platónico no es excluyente. Nunca será suplementario, si acaso será complementario. En este sentido debe ser como el amor que uno tiene por sus hermanos o por sus hijos: no por tener más quieres menos a cada uno de ellos. Es evidente, ¿no?

No sé si la vergüenza ajena es algo que todo el mundo siente alguna vez. Yo creo que la siento muchas más veces de las que corresponde... Tampoco sé si todos tenemos al menos un amor platónico. Yo, desde luego, sí tengo esa suerte.

martes, 5 de noviembre de 2013

LO POCO QUE SÉ DE LA VIDA

[Aclaración: creo que esta frase se la he robado a alguien… No sé a quién, pero me sirve tanto que no me queda más remedio que: (i) darle las gracias, y (ii) pedirle perdón. Plagio reconocido seguro que es menos plagio…]

A estas alturas, hay algunas cosas que puedo decir que he aprendido de la vida. Ahí van, no por orden de importancia (aunque puede que caigan así) sino como me van saliendo:

1.- La primera de ellas es que no hay nada que ciegue más que el orgullo. Bueno, a lo mejor el amor… O el enamoramiento, llámalo X. Lo que pasa es que la ceguera del (en)amor(amiento) tiene un poquito más de gracia, porque lo que hace es que no te deja ver lo malo. A la larga, no digo yo que no, esto puede ser una putada. Te encuentras en cada jardín… Pero así a corto plazo, no está mal. Es como el bosque de Blancanieves[1]: parece precioso pero (puede) oculta(r) dentro cosas horribles, miedos, monstruos, bestias. Ahora, puede que no lo haga…

El problema del orgullo, por oposición, es justo el contrario. Lo que probablemente no deja ver son las cosas buenas de la vida. El orgullo hace que nos encerremos en nosotros mismos y en actitudes tan destructivas como la ira o, simplemente, la mierda. Y es que en la mierda se está muy agustito… Hay que andarse con mucho ojo para no acomodarse en la mierda, porque es como el maldito chocolate de Candy Crush, va creciendo y creciendo y cuando te quieres dar cuenta te ha invadido. Pero además resulta que no tienes vidas extra… Ni siquiera esperando 30 minutos. Así que mucho, mucho cuidado. Por favor… Por todos. ¿Cómo es eso que ha dicho el Papa Francisco[2] (que, por cierto, me tiene enamorada)? “El primero en pedir perdón es el más valiente. El primero en perdonar es el más fuerte. El primero en olvidar es el más feliz”. No hay mucho más que pueda añadir…


2.- Otra cosa que puedo decir que he aprendido es aquello tan repetido de que quien tiene un amigo, tiene un tesoro. Además, por ahora, tengo la inmensa suerte de no haber conocido eso otro de que los amigos se cuentan con los dedos de una mano. Puedo decir, y sé que no me equivoco, que verdaderos amigos tengo muchos, muchísimos, probablemente muchos más de los que me merezco. Pero en fin, tampoco vamos a fustigarnos… Si he tenido esta suerte hasta el momento, bienvenida sea. Lo bueno de los amigos es que siempre están ahí. Tu familia, en general, también, pero ellos no te han elegido –lo cual te da la mayor libertad del mundo para ser tal como eres en todo momento, con las injusticias que el mal humos provoca a veces… pero están jodidos, tienen que quererte-. Tus amigos, sin embargo, sí te han elegido. Y te quieren así. Es alucinante, pero es verdad. Lo que no quiere decir que no se desesperen 1.500.000 con cada gilipollez que se te ocurre hacer… Eso sí, los buenos buenos te dirán: “eh, imbécil, a ver si paras un poquito que se te está yendo la olla”. Y, si no andas nubladillo con el tema antedicho del orgullo, igual te paras y dices: “coño, lo siento, es verdad… ya paro”.


La consecuencia más inmediata que tiene esto del tesoro (lo de antes era más bien la causa) es que hay que cuidarlos. Si tienes un tesoro y lo que haces es enterrarlo o cerrarlo con llave... De poco te va a servir. Bueno, "servir" queda feo. Poco lo vas a disfrutar puede que encaje más... Pero disfrutar no quiere decir exprimir. Si sólo exprimes, se gasta. Lo tienes que invertir, buscando y comprobando una y otra vez si estás sacándole el máximo rendimiento, si lo estás haciendo crecer... Con el riesgo que esto conlleva, claro, per ese es otro tema, que me voy por donde no pretendía. Lo que quiero decir ahora es eso: que hay que cuidarlos. Que con lo valiosos que son, no podemos permitirnos perderlos. 

3.- ¿Más? Pues sí, se me ocurre otra. Esta es reciente y aún está en ensayo clínico en mi cabeza, pero pinta bastante cierta… Es que we accept the love we think we deserve. Toma ya. A mí, desde luego, me supone un guantazo bien dado en toda la jeta. Y me da para pensar y pensar, que es lo que más me gusta… Ha quedado breve, aunque me parece de lo más crucial.


(qué bonita película, Clau, gracias)

4.- Y hablando de guantazos, creo que aprendemos más de las leches que nos damos que de las caricias en el morro. Que ya podía ser al revés, no? Porque esto igual da ganas de aprender poco y ya está… Pero por otra parte es inspirador, porque en la basura podemos hacer crecer bonitas flores (gracias, Fito). Jajajajaja vaya con la cursilería esta tan tonta que me ha entrado… Pero es que es verdad. Mola bastante pensar que de todo sacamos cosas buenas: de las alegrías, la sensación de felicidad, y de las tristezas, lo que nos enseñan. Porque un amigo muy sabio me dijo una vez que quien tropieza y no cae, adelanta camino. Y qué razón tenía, como en casi todo.



Es todo por hoy. Me gusta recopilar este tipo de pensamientos. Por si algún día, dentro de 30 años por ejemplo (o 30 días, que mi memoria no da para más) decido volver a leer estas movidas idiotas que me da por escribir y me doy cuenta de que se me habían olvidado. Porque sé, seguro, que me gustará recordarlas. Como cuando era una adolescente pubertosa y me proponía escribir las cosas que más me… lo dejo en “contrariaban” (jaaaa!) de mis padres, para meditarlas si algún día me convertía en madre yo también. Pero nunca lo hice. Y madre no soy, ni sé si lo seré, pero ya se me han olvidado. Y me muero de la rabia… No más. Cada día un poquito menos procrastinadora. Galletita!rees lo que me se te ocurre hace  que se aprende mtoda la jeta. Y me da para pensar y pensar, que es lo que me se te ocurre hace




[1] Por favor, que alguien la mate… no hay nada más cursi, aparte de Julie Andrews, a la que sólo podré perdonar en Sonrisas y Lágrimas. Lo de la repelente de Mary Poppins, que encima abandona a los niños, o la patada-en-la-boca de Cortina Rasgada, que encima se queda con Paul Newman, no tiene explicación.
[2] La frase no es original del Papa, es de Ravi Shankar, un gurú indio del que no sé absolutamente nada. Gracias, Google.