viernes, 10 de octubre de 2014

COSAS QUE NO ME EXPLICO (II)

- Mi gusto, al parecer demasiado extraño y particular. Debo ser la única persona en el mundo fiel a determinados productos (muchos, por cierto) y, claro, las empresas ven que no es rentable tenerme sólo a mi como cliente y los retiran. Es inexorable, oye. Van tantas cosas... El McBacon, el Yumbo del Burger, el Nestea de melocotón (creo que luego volvió... pero la retirada fue todo un drama), la Cherry Coke (sí, lo admito, me gustaba), Sunsilk, la línea de arroz rojo de L' Occitane, la colonia azul de Johnson's Baby (sigo buscándola a veces, por si cuela)... Las galletas Rolly!!! Que no sólo han dejado de venderse, es que han desaparecido sus rastros como si nunca hubieran existido, con el único propósito -estoy segura- de hacerme pasar por loca obsesa-paranoide. Y no, no estoy loca: mi hermano y mi madre las recuerdan. Y eran las mejores galletas de la historia, sobre todo para mojar en Cola Cao...

- El orgullo, ajeno y también propio. Qué malo es... Y cómo y cuánto nos hace perder.

- En qué se basaba el primer periodista que decidió llamar así a "Maciu Maconajiu". Y por qué todos le siguen el rollo. En serio, no es escocés. No os inventéis cosas raras.

- La incongruencia tan terrible de los que siempre quieren ser "políticamente correctos". Esta semana dos asuntos me tienen absolutamente desconcertada:

1.- La polémica con las declaraciones de Mónica Oriol. Bajo mi punto de vista, esta mujer de increíble éxito profesional y madre de 6 hijos denuncia una realidad: la desventaja de la que partimos las mujeres al tener que elegir entre ser madres o tener una carrera profesional con igual desarrollo a la de un hombre. Esa desventaja es objetivamente lógica (si interrumpimos la carrera al decidir ser madre y cuidar a nuestros hijos, es difícil que nuestro progreso sea el mismo que el de un hombre que la continúa sin bache alguno). Lo que no es, es socialmente aceptable ni, desde luego, deseable. Debemos estudiar cómo hay que convencer (o compensar) al empresario de la pérdida que le supone una persona que no va a ser constante en su puesto de trabajo, puesto que es la sociedad la que debe comprender que la maternidad es necesaria y buena para todos, no el empresario. La forma de compensar al empresario no puede ser hacer a esa persona inamovible, porque como bien decía Mónica, esto implica el riesgo de desmotivar a la trabajadora y de desincentivar la contratación de mujeres, otra vez. La forma debe ser otra. Pero, en fin, no creo que ella esté defendiendo que la mujer deba tener menos oportunidades, es OBVIO que lo está denunciando y que reclama medidas de quienes mandan para impedirlo. Coincido con ella al 100%. Yo quiero tener las mismas oportunidades y comprendo que, a quien haya de contratarme, alguien deberá incentivarlo para que se quede tranquilo: si yo decido pedir una baja por maternidad, no será él quien sufra la pérdida. Si no, veo lógico que prefiera a un hombre con mi misma preparación por su menor riesgo, aunque no sea justo. No me gusta y quiero cambiarlo, pero entiendo el razonamiento.

2.- La otra polémica, mucho mayor, del famoso -y pobrecito mío- Excálibur. Ni voy a defender el sacrificio ni me voy a oponer porque no tengo una opinión clara al respecto (creo que me faltan información y conocimientos médicos y veterinarios). Sólo quiero destacar lo que más me ha sorprendido de este asunto, que es la reacción de muchísimos criticando el sacrificio por considerar que la vida del perro vale lo mismo que la de un humano. En serio, me encantan los perros y el maltrato animal gratuito me parece abominable. Pero no, no estoy de acuerdo con que una vida animal valga igual que una humana, en ningún caso. Creo que a veces perdemos un poco el norte...

Qué feo queda decir hoy en día esas cosas. Qué mal te miran, como si fueras una anticuada del siglo XIX. Y yo personalmente me siento muy moderna, muy formada, con una mente muy abierta. Creo que, al menos, tengo derecho a mantener mis opiniones sin avergonzarme, con la misma solidez que los que son más "correctos".

- Que haya determinadas personas con un trabajo que desempeñan sin interés alguno, con la de parados que tenemos en este país -o en otros!!!- que darían un brazo por ocupar su puesto con muchas más ganas. Me refiero fundamentalmente al sector servicios, a la atención al público. Si no sabes sonreír, si tratas a los clientes como si fueran imbéciles o si te estuvieran agrediendo por tratar de consumir tu servicio, no mereces seguir donde estás. Que te mantengas ahí no me entra en la cabeza. Esto va por gente como la típica dependienta de Zara, a la que entras hablando muy bajito y pidiendo perdón ya miedoso de que te lance un bufido. Por el camarero de 60 años de claro origen castellano (dudo si leonés o manchego), al que por mucho que sonrías te tratará como si fueras su peor enemigo. Por la funcionaria -admito que cada vez me pasa menos, pero me sigue pasando- que te protesta por hacerle trabajar, por despojarla de su derecho fundamental más sagrado: el doble/triple desayuno. Como si su sueldo no lo pagaras tú, entre otras cosas... A estas personas tengo dos cosas que decirles: primero, sed más felices, que la vida es muy corta para estar tan amargado y para intentar amargarla al resto; y segundo, que además deberíais estar dando las gracias, porque el trabajo es un derecho que vosotros podéis ejercer y otros, que lo valorarían más, no. Ya está bien...

- Que me gusten tanto las listas. No pasa un día sin que haga una!! Puede ser de la compra, de tareas pendientes, de regalos por hacer, de gastos-ingresos, de cosas que me gustan, de gente a la que quiero... Igual es un poco raro.

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