jueves, 8 de marzo de 2018

MUJERES

Venía yo a reflexionar sobre las mujeres (sobre nosotras). Es un día bastante indicado para esto, como todos sabemos. Hoy me llegan todo tipo de mensajes empoderadores, inspiradores, de ánimo y de reconocimiento. Y por un lado me encantan, los reenvío, los valoro y los disfruto. Pero por otro lado no puedo dejar de preguntarme si no es forzado... Me explico. 

Soy feminista, y mis razones para ello son básicamente: (i) que creo que todos debemos tener los mismos derechos y las mismas oportunidades (seamos hombres, mujeres o viceversa, vengamos de donde vengamos, hablemos el idioma que hablemos, queramos a quien queramos... y así sucesivamente); (ii) que soy consciente y me entristece y me avergüenza que en el mundo hay grupos que por naturaleza no disfrutan de los mismos derechos u oportunidades precisamente por alguno de esos motivos; (iii) que una de las razones de esas desigualdades es en muchos casos ser mujer; (iv) y, volviendo al principio, que eso me parece radicalmente injusto. Añado una razón más: que si no reconocemos que todavía hoy existen esas diferencias, no seremos capaces de eliminarlas. Por tanto, es necesario visibilizarlo y luchar contra ello. Pienso que la gran mayoría de nosotros somos feministas, por mucho que haya a quienes el término les produce poco menos que urticaria. Seguramente, me apuesto el cogote, es porque no lo han entendido bien: hay mucho ruido tiñendo el feminismo de radicalismo antihombres, cuando... En fin, no tiene nada que ver con eso. Tampoco me voy a enrollar porque no es la reflexión que me estoy haciendo hoy. 

Además hay otro punto importante de la lucha feminista: se trata de igualdad de derechos y eso beneficia tanto a los hombres como a las mujeres. Porque también se trata de quitarnos condicionantes. Y me refiero a que esa concepción genérica, simplista y equivocada de que las mujeres son débiles y los hombres fuertes, que las mujeres lloran y los hombres se pelean, que a ellos les gustan los deportes y a nosotras el cotilleo o la moda, que nosotras somos blablabla y ellos son blublublu... Para empezar es una bobada muy estúpida, porque está claro que hay y todos conocemos mujeres con una fuerza increíble y hombres pusilánimes, mujeres deportistas y hombres cotillas. Y para seguir, todos esos estereotipos lo que crean es una especie de etiqueta y de encasillamiento que ata, que quita libertad, que tiende a forzar a las personas a cumplir con ellos por una necesidad innata de encajar, de no ser señalado. Y la verdad es que es una presión que entiendo del todo innecesaria. 

Pues la inquietud que me generan algunos de los mensajes de hoy va precisamente por ahí. Me da un poco de yuyu pensar que estos mensajes (ojo, que yo también he compartido) de "mujer: eres fuerte, eres valiente, eres una superwoman, eres increíble..." puede acabar en ese mismo tipo de presión. Porque no, señoras. No todas somos fuertes -o al menos no lo somos siempre-, no todas somos valientes, no todas podemos con todo lo que nos pongan por delante... Algunas -o todas a veces- explotamos porque no podemos más, o nos bloqueamos temporalmente y no sabemos por dónde tirar, o simplemente la cagamos. Exactamente igual que ellos. Y está bien, no pasa nada. Es lo que nos hace a todos humanos. 

Por eso el mensaje que me gusta de verdad es: ERES LIBRE. Con ese si que no tengo pegas. Sé como seas, ten tus momentos de fortaleza y tus momentos de debilidad, porque eres humano, eres humana. Potencia tus virtudes, que serán las que sean, y trata de mejorar tus defectos. Eres libre para hacerlo. Cuando todos en la sociedad podamos decir "soy libre", entonces el feminismo como yo lo entiendo habrá triunfado. Y el presupuesto básico y necesario para ello es el respeto al otro, sea mujer, hombre, adolescente, anciano, de aquí o de allí, alto o bajo. Todos merecemos el mismo respeto, esa es la base de mi pensamiento. 

Soy una idealista, muy probablemente, pero yo sí creo que esta sociedad avanza y mucho. El "machismo cotidiano"va a menos, y eso debe ser consecuencia de que la educación es cada vez más igualitaria. Aún no es perfecta, pero es mejor que antes. Tengo muy claro que en mi generación estamos educados de otra forma que la de nuestros padres. Un ejemplo tonto: en la de ellos son muchos los hombres que, al terminar de comer, esperan sentados a que las mujeres recojan la mesa. En mi generación, o al menos en mi ambiente, eso es prácticamente impensable. Las mujeres somos ahora mayoría en la universidad. En general, somos independientes o aspiramos a serlo -las hay jóvenes que aún no lo han conseguido, por eso lo de aspirar-, a vivir de nuestro trabajo, a desarrollar profesionalmente nuestras capacidades en la medida de lo posible. Somos más libres que las que vinieron antes, y mucho más libres que otras mujeres que viven en entornos más atrasados en este sentido. Peeeeero... No hemos llegado todavía a la plena igualdad de derechos. La mayoría de nosotras sigue viviendo situaciones cotidianas de falta de respeto, por ejemplo. La maternidad sigue penalizando en la carrera profesional y pienso que ahí está la razón de la ya famosa (y menos mal) brecha salarial. Sigue habiendo demasiados casos de violencia doméstica (uno solo siempre será demasiado, eso es obvio, pero es que encima hay muchos más de uno). Hasta que todo eso no se acabe, seguirá habiendo razones para ser feminista. 

Yo me siento una absoluta privilegiada porque no sufro prácticamente el sexismo en mis carnes, o al menos no conscientemente. Siento que en mi trabajo me valoran igual que valorarían a un hombre en mi lugar (tanto jefe, como compañeros, como clientes). Y en mi casa, por supuesto, somos un equipo de dos personas y aportamos al equipo en función de cómo somos cada uno y no de cuál es el novio y cuál la novia. Yo no aceptaría otra cosa y él tampoco. Soy consciente de mi fortuna, pero me solidarizo con las que no son tan afortunadas. Haré lo que esté en mi mano por que seáis cada vez menos, hasta que no quede ninguna. Aquí está lo importante... ¿Qué es lo que está en mi mano? No lo tengo claro. Sólo se me ocurre que cuando tenga hijos los educaré así, pero digo yo que algo más podré hacer. Escucho sugerencias.

Para rematar, diré que estoy totalmente convencida de que en unos años -10, 20, 30, 40...- el avance ya será absoluto en toooodos los estamentos, en el mercado laboral, en los puestos de dirección, en las artes, en casa. Lo vamos a conseguir. Tendremos todos los mismos derechos y celebraremos nuestras diferencias en cuanto a identidad personal. De esta forma sí que seremos totalmente libres. Libres de ser como somos, de dedicar nuestro tiempo a lo que decidamos sin venir condicionados de nacimiento. No sólo es mi deseo, es que estoy segura de que así va a ser. Pero para eso hace falta que seamos feministas. 

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