lunes, 30 de septiembre de 2013

APAÑOS MENTALES




¿Verdad que no soy la única que recurre al autoengaño? Yo creo que no, porque lo detecto en otras personas más veces de las que son sanas… Claro que quién soy yo para aleccionar cuando a lo mejor soy la más automentirosa de la tierra? Me encanta intentar convencerme de algo para evitar un pensamiento indeseable. Y es una chorrada, porque engañarse a sí mismo viene siendo, por concepto, imposible. Pero oye, yo lo intento y, al final, hay veces que de tanto concentrarme se me olvida lo que me daba miedo.

Por ejemplo, ese momento en que crees que has perdido algo. Mi técnica es muy básica: no lo busco y entonces me digo a mí misma que, como no lo he buscado, en realidad no está perdido: es sólo que no sé exactamente dónde está. Esto no funciona, seguro. Pero cuando la cosa en cuestión aparece sola cuando estoy buscando algo distinto, me llevo un subidón y me reafirmo en lo bien que me ha sentado ahorrarme la angustia. O el más frecuente en mi caso... las excusas para comprar. Que si es un chollazo, que si justo de esto no tengo, que si lo llevo buscando taaaaanto tiempo... Tengo millones. Y las uso prácticamente siempre. Lo que no me pasa casi nunca es no encontrar excusa e irme con las manos vacías. Para esto deben existir terapias...

Otro recurso que utilizo es el contrario a lo que pensé que sería mi forma de ver las cosas en el trabajo. Me explico. Yo quería ser abogada de familia (horror que esquivé Boss mediante). El problema es que soy… muy sentida jaja. Un poco dramática, incluso. Los asuntos personales me afectan mucho, y de haber entrado en terreno tan íntimo probablemente habría caído en depresión más veces que cobrado facturas. No parecía rentable. Así que metí la cabeza en un área aséptica, fría, donde debe imperar el sentido común. Todavía creo que casi siempre impera, aunque imbéciles hay en todas partes, eso es un hecho. Pero en general, los sentimientos y las emociones rara vez se cuelan en un contrato de agencia, una due diligence o una escritura de modificación de estatutos.

Me estoy enrollando y no llego al truco. Todo esto era para decir que lo que ahora hago es, cuando ocurre algo muy personal y veo que me va a afectar (y del efecto no voy a sacar nada positivo), lo convierto en un asunto práctico, como si fuera de trabajo, y lo intento solucionar, neutralizar o terminar aplicando ese mismo sentido común. Y punto. Aún es algo nuevo para mí, no puedo garantizar que funcione. Tengo días que creo que sí y otros que ni de coña. Porque en fin, una es como es y tampoco me puedo hacer de hielo tan fácilmente. Pero un poquito de relativizar viene muy bien.

Como decía, yo soy muy dramática. Pero eso siempre lo he sido y, como ya me di cuenta hace tiempo, lo que hago es no tomarme a mí misma muy en serio (aquél pánico a que me abandonaran mis padres en las gasolineras… Qué tipo de película de Antena 3 me generó semejante trauma??). Me pasa mucho que me monto un novelón en la cabeza (como todos, claro). Los míos son muy largos, llego al final de los finales. Y normalmente implican tragedias griegas por lo menos. Del rollo “uy qué dolor de cabeza – mierda seguro que hay un tumor – uf qué putada para mis amigos – tendré que buscar a alguien que me dé un jeringazo – o a lo mejor no da ni tiempo – tengo que acordarme de dejar escrito lo de que dejo unos eurillos para que se vayan todos de cenón en mi honor!”. Todo esto en cuestión de segundos, por ejemplo en lo que dura un semáforo en rojo. ¿Qué pasa? Que como ya sé que al final todo esto viene de una neurona que debió desconectarse en mi cabeza cuando era pequeña, pues yo misma lo descarto por altamente improbable. Puede que no debiera exponer estos asuntillos que me pasan por la mente… ¿Se me puede encerrar contra mi voluntad usando esto de prueba de mi falta de cordura? Corramos un estúpido velo…

Otro remedio casero y mental es súper útil para los cabreos. Hablo de cabreos personales, con gente que te importa. No aplica en ningún caso a los rebotes por interactuar con esa gente desagradable con la que te a veces te cruzas medio minuto, que aunque es escasa, la hay. Estoy llegando a la conclusión de que casi el 100% de los enfados se pasan si lo enfocas con empatía. Es decir, cuando alguien te hace algo que te molesta puede que tengas razón, no digo yo que no. Pero lo más seguro es que, si te pones en los pies de ese alguien y en intentar entender qué le ha llevado a hacer lo que ha hecho, entiendas de dónde sale su actitud. Y eso no convierte sus acciones en buenas o razonables, lo que ha hecho seguirá siendo seguramente una gilipollez (o, peor, una hijoputez). Pero el cabreo o la rabia desaparecen… Porque lo comprendes y lo puedes perdonar. A lo mejor suena muy tonto o muy cursi, pero esto a mí sí que me funciona. Y no sólo eso, sino que creo que me hace una persona más feliz.

Es verdad eso de que los consejos es mejor no darlos aunque te los pidan. Me parece un buen consejo aunque sea contradictorio en sí mismo, peeeeero… no puedo evitarlo. Me muerdo la lengua y al final zasca! Lo suelto. Como si tuviera derecho. Sé que no… Pido perdón desde ya. Soy muy pesadita. Pero si a alguien le sirve, mola, no?

domingo, 22 de septiembre de 2013

LA VUELTA AL MUNDO REAL

Echo de menos muchas cosas, eso está claro. Pero una de ellas es escribir y eso tiene fácil solución, así que allá voy.

Desde que estoy de vuelta, vengo sufriendo una especie de depresión post-erasmus aguda. Mi padre, creyéndose poseedor de la intuición materna, sí, esa que llega a dar miedo, porque cómo carajo lo saben TODO, incluso antes de que lo sepas tú mismo??... Pues como decía, mi padre está convencido de que me he enamorado. No se le ocurre por qué otra razón puedo estar callada y en mi mundo. Yo creo que tampoco es así, pero por lo visto no hablo. Y le da igual que le diga que no, él sólo dice “ya me lo contarás cuando quieras, no te presiono”. Aunque en realidad un poco de razón sí tiene, pero no como él piensa. Me he enamorado de muchos y muchas, de sitios, de experiencias, incuso un poquito más de mí misma (eso no ha sido enamoramiento, ha sido autoaceptación). Así que ahora estoy un poco perdida en el que realmente es y siempre ha sido mi sitio, en mi ciudad, en mi trabajo, con mis amigos, con mi familia. No sé muy bien cuál es la razón, pero la sensación es de estar donde no debo.

Cuando oía a la gente eso de la depresión post-erasmus me lo imaginaba de otra manera. Pensaba que era algo así como que vuelves a casa después de disfrutar lo mejor de la independencia y te sientes encerrado, controlado. Lo que pasa es que a mi eso del control parental ya se me pasó hace mucho tiempo, ejem (si es que alguna vez llegué a estar sometida a algo así, ya se sabe que yo era muy buena y no necesitaban atarme en corto precisamente…). Y entonces me doy cuenta de que no es eso. Es más bien que sientes que has vivido algo muy especial, algo que te cambia la perspectiva de las cosas, que te amplía la mente, que oxigena tus principios y que remueve tus cimientos. Parece que te desestabiliza, pero en realidad te fortalece. Y vuelves y, como es normal, quieres compartirlo.

Pero no puedes. No es que la gente no te quiera o no lo importe lo que has pasado. Son dos cosas: primero, como no han vivido esas experiencias contigo, no lo entenderán nunca como tú. La visión desde fuera es muy distinta a la que se tiene desde dentro. Es normal. Segundo: sí, te quieren y les interesa… pero les aburre. Es aún más normal, a todos nos pasa. Es muy guay escuchar a alguien contándote un viaje a un sitio maravilloso en el que nunca has estado, o en el que sí has estado y por eso te gusta recordarlo; o ese apasionante tema de trabajo que les está haciendo exprimirse el cerebro o la paciencia o en el que han triunfado tras enfrentarse a jefes despiadados o compañeros trepas maliciosos; o una noche de copas de esas épicas en las que pasa absolutamente de todo y es tan surrealista que crees que te están contando un capítulo de Cómo conocí a vuestra madre, o así. Sí, sí, muy guay. Pero no más de cinco minutos, por favor. A la foto número 200 o a la quinta historia de Kimberly, a la que no has visto en tu vida, sólo quieres encontrar el botón del teletransporte inmediato.

Así que sólo queda repasarlo mentalmente y recordarlo con la gente que está desperdigada por el mundo y a la que sin embargo sientes tan cerca (milagro de Facebook y Whatsapp, gracias). El miedo, claro está, es que cada vez los vayas sintiendo un poquito más lejos, hasta que el cordón que te une y que parece de esos irrompibles de nylon o de elastán a lo mujer increíble, que se estira lo que quieras pero nunca se rompe, acabe deshaciéndose poco a poco. Porque, además, todos recordamos aquéllas despedidas de los campamentos del tipo “vamos a ser mejores amigos para siempre!”, “en enero voy a Madrid a verte por tu cumple, aunque viva en Katmandú y tengamos 9 años!” y demás. Son promesas que, por muy increíble que pueda parecer, nunca se cumplieron. ¿Pasará lo mismo esta vez?

Yo creo que esta vez es diferente. El hecho de tener trabajo para poder financiar las visitas –aunque dosificando…- y edad para viajar sin permiso de los progenitores facilita mucho las cosas. Esto ya no son cosas de niños. Llevamos meses pretendiendo serlo, pero no lo somos. Hemos disfrutado el disfraz de la libertad y la falta –o mitigación- de responsabilidades. Ahora viene la parte en que, como adultos, disfrutamos la segunda parte. Y también las hay buenas… Véase El Padrino (me lo han contado, aún no lo sé… ya, ya, lo siento) o El Rey León.

Así que toca ponerse las pilas. Las amistades siempre hay que cuidarlas (esa es una de mis teorías fuertes en la vida), pero si encima están lejos, hay que cuidarlas más por razones evidentes. Por lo pronto, ya están planeadas visitas varias. La primera con billete de avión, la segunda casi accidental y la tercera on the works. Me apetece mucho ver cómo va a ser esto de maullar en otro escenarios… Distinto, seguro; más real, probablemente también. Lo que está claro es que lo disfrutaremos al 100% y que no tardaré en compartirlo.



PD: mientras escribo esto, un amigo de mi padre se me acerca y me pregunta: “quién es él?”. Le contesto: “no hay él!”. Y entonces al rato vuelve y comenta “no sé qué hubo en EEUU, pero es un hijo de puta y lo voy a matar”. Curiosa la percepción masculina O.O

martes, 26 de marzo de 2013

COSAS QUE NO ME EXPLICO


(Por inexplicables o por falta de las conexiones necesarias en mi cerebro, no lo tengo claro)


- La bipolaridad de los taxistas. Es un fenómeno que me llama poderosamente la atención. Los taxistas -o farys- son bipolares, y su cambio de Dr. Jekyll a Mr. Hyde (siempre me cuesta acordarme de cuál es el chungo, así que no me voy a mojar) depende única y exclusivamente de mí. Jar? Cómo es esto posible? Pues bien: si yo voy dentro del taxi, son los seres más adorables de la historia, con conversaciones interesantísimas y casi siempre algún cumplido inesperado, desde que tengo un pelazo (fdo: un heavy... wtf?) hasta que qué estudio (fdo: un ángel, gracias). Eso sin contar con mi vecino de Aravaca, que es mi preferido por supuesto y ya no puedo ni contar las veces que me ha bajado a Madrid a altas horas regalándome sus consejos paternales ("ten ciudado", "no bebas demasiado", "ojo con los hombres que somos muy malos"...). ¿Qué les pasa entonces cuando en lugar de dentro del taxi estoy en el coche de al lado? ¿Por qué se transforman en seres indeseables que sacan los instintos asesinos de cualquiera? Mira que yo en el coche voy con una filosofía de lo más Zen y no me dejo amargar por nada ni por nadie... a menos que conduzca un coche blanco con raya transversal roja.

- Los atascos efervescentes. Un ejemplo: me acerco a la carretera de Castilla y resulta que está totalmente parada. Esto normalmente puede tener dos explicaciones: o está pasando el rey y la han cortado temporalmente, o ha habido un accidente. Pues bien, avanzo poquito a poco… Me acerco a típica colinilla que impide ver qué hay detrás (cambio de rasante? lo que sea) y cuando por fin la supero: puf! NO HAY COCHES DELANTE. Sinceramente, no se lo puede explicar nadie. Ni camiones, ni efecto zapatilla ni nada de nada. Misterio, incógnita.

- La incapacidad de algunas personas para contestar preguntas directas. No sé qué más añadir a este respecto, porque es tan simple como eso: di que sí o que no (a ser posible acompañado de excusa, por poner un poco de cortesía al asunto), pero di algo. Incluso que no lo sabes. Que te lo piensas. No es tan difícil. Eso sí, si estás posponiendo la respuesta… La estás posponiendo, no cancelando: aún no has contestado.

- El proceso senti"mental" de los hombres en general. Nunca se me dio bien la mente masculina, supongo…. Qué les pasa???

Hay mil y una cosas más que no me explico, pero me he cansado de escribir...

Feliz Semana Santa!

sábado, 26 de enero de 2013

FINDESEMANA

El cambio de la etapa de estudiante a la de trabajador tiene para mi, entre otras -muchas-, una gran ventaja: el fin de semana es MÍO. Ni estudiar ni sentirme mal por no hacerlo: el viernes uno cierra y hasta el lunes no se piensa más en el curro. Eso como norma, claro, que luego pasan cosas, pero así como principio no está mal.

Y el fin de semana da para tanto... Ya no es largo según te apetezca, eso es verdad (hete aquí con el minipunto para la vida del estudiante... El finde de jueves a martes para aprovechar allí donde te llevara el viento -o ryanair- unos días...). Pero igualmente, un poquito de viernes más sábado y domingo dan para mucho mucho.

Mis pequeños placeres del fin de semana: remolonear, la ducha de 20 minutos debajo de agua ardiendo, las camisetas guarras y las zapatillas, los vaqueros, el colacao frío frío por la mañana, los paseos, el cine... Las películas de dos palabras (allison allison). Las noches de pizzas y risas; las de copas y más risas. El pintalabios y la raya del ojo. Los aperitivos y las sobremesas. Los trivials, risks, contis y musetes. A veces, las chimeneas. Los viajecines en coche con la música a mil.

Adoro trabajar... Y adoro los findes. Es como esquiar: mola mucho, pero nadie puede negar que el mejor momento es soltarse las botas. O no?

martes, 1 de enero de 2013

RECAP

Pues ya está... Ya ha acabado 2012. Ha sido un año bueno en general, pero tampoco para tirar cohetes. Un año muy largo unos ratos y muy corto otros. Ha habido muchas risas, algunos llantos, varios viajes (Roma, Bruselas, Londres, Camboya, París, Sicilia), personas que se han sumado y otras que se han restado. Algunas desgraciadamente y otras gracias a Dios. Niños de los que me he enamorado, aquí cerca y allí lejos. Historias rotas y otras que han empezado. Ausencias destacables. Dos mudanzas (Arg! Pero al mismo tiempo... Bien!). Amor, el justo (que no el necesario). Mucho y feliz trabajo. Afterworks. Decisiones importantes. Nervios, tensión, expectativas. Menos cine del que me habría gustado, sobre todo porque ya se ha instalado del todo en mí lo que vengo a denominar "el virus del sueño en sala". Pocos conciertos, pero INCREÍBLES: Arctic (amor del bueno), Bruce (y más amor), Dcode (y más).

Para 2013 pido varias cosas a los Reyes Magos:
- Que nos ayude a levantar el ánimo general.
- Que me acepten en algún sitio bueno.
- Que no se alargue más de lo necesario la búsqueda de los que quiero de su lugar en el mundo.
- Que me traigan fuerzas para mis propósitos. A saber: callarme un poco menos; llorar un poco más (con más frecuencia me refiero, para que cuando por fin brote la lágrima no sea vergonzoso el caudal que genero); aprender a hacer buenísimas lentejas, tortilla de patata y paella; ser más buena; quererme mejor; hablar menos en inglés cuando no procede (vamos, ser menos hortera); aguantar -y saber andar- con tacones; ser un poco más cariñosa (y digo un poco porque se trata de que sean objetivos alcanzables, que si nací ajoporro como dice mi madre es previsible que no me convierta en winnie the pooh).
- Un viaje a Perú o volver a Portu, en función de como llegue el verano.

Gracias.

martes, 18 de diciembre de 2012

DICIEMBRE


La última vez que estuve por aquí fue en octubre… Desde entonces han pasado algunas cosas.

1.- Cayó una especie de mito en cuanto a la posibilidad del amor verdadero que dura para siempre. La suerte es que no era mi única referencia en este sentido, pero fue una leche importante. Me dio mucho que pensar… Será posible que viva en Lililandia? No parece descabellado. Lo que pasa es que veo imposible (cuidadooooo, prudensssia paun que te embalas) volverme una escéptica del todo. Yo siempre voy a ser un poco ingenua y creeré, por lo menos de primeras (y segundas y terceras), que la gente es buena y que las cosas salen bien. Recibo unos puñetazos acojonantes, pero oye, el resto del tiempo vivo bien. No me parece mala política.

2.- He empezado las aplicaciones a los masters americanos. Llevo 5 (Harvard, Berkeley, Columbia, Stanford y NYU). No pretendo entrar en ninguna de las 5, pero soñar es gratis. Mentira, me he dejado una pasta en lo que llevo de aplicaciones, pero si lo integro en el precio total del hipotético master que en teoría haré si que parece gratis. Qué puedo comentar de esto? Que estoy bastante hasta el orto de repetir una y otra vez lo mal que lo hice, todo lo que he aprendido, lo yankee que soy en el fondo de mi corazón y en todo lo demás, la gran oportunidad que sería para mi que me aceptaran en [inserte aquí el nombre de la universidad que toca hoy], y demás. Pero claro… Es que en realidad es tan cierto… Tengo un miedo importante a que me digan que no en todas y cada una de las 17.000 universidades a las que pretendo dar el coñazo. Ya comentaré en su momento (por lo visto debo esperar que empiecen a llegar noticias sobre finales de marzo-abril).

3.- Tengo bastante superado el último de mis traumas existenciales. Aquello del destino, que si sí, que si no, que hasta qué punto depende de mi o es aleatorio o depende de Obama or what. La nueva teoría es… ¿por qué no me dejo de teorías y me dedico a vivir? Una de las conclusiones que saco de aquello del punto 1 y todo lo que ha conllevado (o sea, conversaciones eternas varias veces al día en tono filosófico-psicológico) es que llega un momento en que, de tanto pensar las cosas, las vuelves lo que no son. Analizarse puede ser útil, pero hasta cierto punto. Sobre todo porque cuando llegas a conclusiones, puede que a los tres días ya no valgan porque… Atento todo el mundo… SÍ cambiamos. Evolucionamos. Todo el rato, es un no parar. Así que no perdamos tanto el tiempo analizando, seamos más proactivos. Un poquito de análisis sí, pero media horita al día como mucho (que ya está bien). Si vas al loquero y te cobra una hora, vale, lo doy por bueno, pero el día anterior sólo valen mariposas y gintonics para compensar.

4.- Por último, y no por ello menos importante… El último zas en toda la boca. La re-h. La colisión mental extrema. Muy ligado a esto de la evolución. Creo que estoy perdiendo a una de las personas que más quiero por el camino. Esto no ha sido evolución, ha sido directamente una especie de huracán. Mejor dicho, tornado. Y en realidad, mucho más lento de lo que yo he sabido percibir. Mira que me avisaron, mira que odié a quien me avisaba. Y empiezo a pensar que tenía razón. Es muy duro, pero es así. Una persona increíble, con todo en la vida para triunfar a todos los niveles y en todos los contextos, decide que su vida no vale una mierda y rechaza todo lo que tiene. A todos los que tiene. A mi incluida. Es MUY jodido. Así que en esto me encuentro, en asumir lo que está pasando y en intentar idear planes mágicos que lo arreglen todo y hagan rebobinar el tornado y nos quiten este mareo. Espero que sea posible, aunque los escépticos de la vida me intentan hacer ver que no. Hilando con el punto 1 de nuevo, NO PIENSO SER UNA DE VOSOTROS. Si me la doy, me la dí. Pero lo intento. Que esto lo aprendí hace tiempo: me hace muy infeliz dar las cosas por perdidas, pero sobre todo me hace muy feliz intentar lo que creo que no va a funcionar (y que me da vergüenza-miedo-. Desde la estupidez más pequeña, como un “te apetece un piti?” ;).

Nota sobre el punto 1. En los últimos días, el mito va levantándose. Poco a poco, pero ahí está. No me atrevo a decir más, vaya a ser que la cague… De nuevo, prudensssia paun.

viernes, 26 de octubre de 2012

WINTER IS COMING


Y se nota. Han empezado el frío y la luz gris. No sólo en la calle sino también por dentro. Es acojonante lo que me puede afectar la luz... Será una tara que tengo? Podría ser.

No sé por qué me he sentado otra vez a escribir. Como siempre, llevo cosas dentro pero nada para contar. Es un poco raro pero no encuentro las palabras. Y eso que hay quienes se ríen de mi en plan diccionario (como yo de mi madre, pero es inevitable: acabaré siendo igual...). 

El caso es que llevo unos días pensando que la vida es una mierda. Así, en general. Lo que no quiere decir que vaya a rendirme porque sigo pensando que el que no llora no mama, el que quiera peces que se moje el culo y demás enseñanzas de ese gran pater. Así que bueno, es un poco lucha sin sentido. No, mentira: sin sentido no es. Tiene todo el sentido, lo que pasa es que es complicadísima porque casi nunca se gana. El tema es que probablemente no se trata de ganar ninguna guerra total, no es llegar a un final absoluto, sino que lo que importa es evidentemente el "camino" (el final viene siendo el hoyo en cualquier caso). 

Vamos, que no es una mierda. Jajajajaja puede que esté un poquito inestable... 

Me voy a cosas menos importantes: me encanta / me gusta / no me gusta / odio. Es algo que pienso mucho en los atascos (desde mi vuelta al mundo suburbio, el 20% de mi tiempo o así). 

Me encanta sentarme delante de la chimenea.
Me encanta que me sonrían. 
Me encanta aprender tonterías.
Me gusta dar alguna monedita a los músicos por la calle.
No me gusta que me toquen el pelo. 
Me encanta que me toquen la cabeza.
Odio las mentiras. 
Me gusta dar los buenos días. 
Me encantan los abrazos largos.
Me gusta el olor a invierno.
Me encanta el otoño.
No me gusta el verano.
No me gusta la gente guay.
Me encantan los niños que se ríen a carcajadas.
Me encantan la música, el cine, las series y los libros. 
No me gusta quedarme dormida en el cine (aunque no puedo evitarlo).
Me encanta mi trabajo.
Me encanta mi jefe.
No me gusta que me soben.
No me gustan las cosquillas. 
No me gustan los masajes. 
Me gusta que me miren a los ojos.
No me gusta que me miren demasiado fijamente.
Me gusta más el lomo que el jamón.
Odio juzgar.
No me gusta elegir.
Me gustan las puertas abiertas y las persianas subidas.
No me gusta la tos.
Odio el hipo.
Me encanta estornudar.
No me gusta el cotilleo… Odio el cotilleo.
No me gusta dormir demasiado.
No me gusta bañarme.
Me encanta darme duchas largas.
Me encanta comprar.
Me encanta regalar cuando no toca.
Me gusta tocar las sábanas con los pies.
Me encanta dormir con la ventana abierta.
No me gusta la oscuridad total.
Odio el pimiento.
No me gusta pedir favores.
Me encanta dar las gracias y pedir perdón.
Me gustan los trenes.
No me gustan los aviones.
No me gustan los libros electrónicos.
Me encantan los juegos de mesa, sobre todo las cartas y el trivial.
Me encanta cantar.
Me gusta grabarme cantando cuando voy conduciendo en viajes largos, escucharme y descojonarme.
No me gusta que me hagan fotos sola.
Me gusta salir en las fotos de mis viajes.
Me encanta comer.
Me gusta escribir.