domingo, 13 de mayo de 2018

DOMINGO

Me cuesta mucho decidir cuál es mi tipo preferido de domingo.

Hay domingos que disfruto saliendo a tomar algo a una terracita, paseando por Madrid tranquilamente, intentando olvidar por momentos que al día siguiente es lunes. Que no es que odie los lunes tanto como es costumbre odiarlos, porque en realidad significan la vuelta a una rutina que, en el fondo, también me encanta y que necesito cuando llevo demasiado tiempo sin ella. Pero la diversión tranquila de pasear y descubrir sitios nuevos y respirar y empaparme de mi ciudad me vuelven loca.

Otros domingos lo que me gusta es tener momentos de familia y/o de amor, de pedir comida a domicilio y jugar a un juego de mesa o comer cocina casera y rica y después echarnos una sesión de película de dos palabras de antena 3, ese placer culpable. Por cierto, al respecto de ese placer, resulta que me intriga bastante: ¿por qué encontramos (o encuentro) placer en el visionado de películas tan horrorosas y, sobre todo, tan ridículamente dobladas? No puedo soportar los doblajes de esos bodrios, sobre todo los de los niños, claramente doblados por señoras mayores forzando la voz, me hace querer que efectivamente los secuestre la niñera psicópata o vecina psicópata o cuñada psicópata. Porque esto es un hecho: sin mujer joven atractiva y a la vez psicópata que quiere robar maridos, niños o ambos no hay dramón de antena 3. La parrilla de después de comer del fin de semana quedaría vacía, huérfana. Pero bueno, esa es otra historia. Siendo sincera, yo creo que a mí me gusta de la misma manera que a otra gente le gustan los realities: te hacen pasar un rato sin pensar. En mi caso, me acompañan en la deliciosa siesta dominguera de sofá y manta. Qué maravilla la de pasar una tarde de domingo en un sofá, con una manta y con alguien al lado a quien quieres, sea de una manera o de otra.

También están los domingos de cine y palomitas, claro está, pero esos cada vez son menos. Supongo que cada vez hay menos gente que aguanta ir conmigo al cine para que me duerma irremediablemente. Y también que yo voy interiorizando que, si me voy a dormir sí o sí, a lo mejor no tiene tanto sentido gastarme 15€. Esto sumado a que hay un 67,5% de posibilidades de que pase frío durante la siesta, y entonces ya no suena tan placentera. Sí, el porcentaje es exacto y contrastado. Así que bueno, estos domingos ya escasean.

Pero quizá los que más me gustan (o a lo mejor es porque estoy en medio de uno y lo estoy gozando intensamente) son los que paso totalmente sola en mi casa. Me cunden tanto... Me siento la persona más maruja del universo y eso me hace tremenda y extrañamente feliz. Me da tiempo a organizar mi semana (hago los menús, la lista de la compra, repaso mi agenda y recados pendientes, ocasionalmente hago caldos, guisos y/o cremas para la semana, etc.), recojo y adecento mi casa (pongo lavadoras y lavaplatos; ordeno la ropa que he ido acumulando por distintos rincones del lugar o mis "bershkas en rebajas", como los llama Juli; limpio bolsos, zapatos y/o carteras,...), leo tranquilamente, veo series -generalmente no mis preferidas, sino alguna que pueda tener puesta y prestar menos atención, para que me acompañe en mis idas y venidas...- y, sobre todo, tengo mis sesiones de belleza integral. Esto sí que es el gustazo total.

Yo es que soy un desastre en temas de cuidados de belleza y en cosmética. Comprar no es precisamente el problema, yo por comprar compro millones de botes que van poblando mi baño para la desesperación del pobre granaíno. Lo que pasa es que realmente no tengo ni idea de los productos que debería usar y, cuando tengo esa información, generalmente la acumulo en alguna de mis inútiles pero satisfactorias listas, pero rara vez la pongo en práctica. Sobre todo, no regularmente. Por eso estos domingos de auto-indulgencia se están convirtiendo en la forma de calmar mi conciencia en ese aspecto. Disfruto como una enana haciéndome una limpieza dental casera, un peeling químico que me deja la piel suavita y feliz -por unas horas, ojalá me durara más el tema-, hidratándome con cuidado todo el cuerpo, las manos, las cutículas, la cara, los pies, el pelo... Arreglándome las uñas. Viendo vídeos/stories de gurús de belleza con consejos que no sé si alguna vez utilizaré o irán a las eternas listas. Hoy he empezado a investigar sobre los aceites, que fíjate tú podrían ser la solución a mis estreses de piel con tendencia grasa. Quién lo iba a decir, ¿verdad? Aceite para acabar con la grasa. Así es la cosmética, era evidente que no iba a ser mi campo de conocimiento. Al final esto acabará en 2-3-4 nuevos botecitos en mi baño que nunca usaré. Salvo, quizá, algún otro domingo feliz...

Bienvenido seas, lunes. Estoy preparada!

miércoles, 25 de abril de 2018

POLÍTICA Y OTRAS FINURAS

Resulta que hoy nos toca ver cómo Cristina Cifuentes dimite porque ha salido un cutre-vídeo en el que al parecer se muestra cómo "hurtó" dos cremas cosméticas en un supermercado. Claro, que es el colofón final al escándalo de aquél Máster comprado-pero-no-cursado o lo que coño fuera aquéllo. En cualquier caso, esta es la situación: esta mujer añade a su expediente un Máster que no tiene (¿por qué? ¿qué necesidad tenía); después, en lugar de reconocerlo muestra documentos que parece ser son falsificados (de nuevo... ¿por qué? ¿no era más fácil decir "ups, he sido un poco exageradita, sorry"?); y por último un par de semanas después sale a la luz que en el año 2011 -o sea, hace 7 años- robó 2 cremas en el súper (em... ¿por qué?). 

Y aunque parece que me pregunto mucho por qué ella ha obrado de esta manera, tan estúpida como deshonesta, lo que verdaderamente me inquieta es otra cosa: ¿quién está sacando todas estas mierdas? ¿por qué? ¿y por qué ahora? La verdad, esto sí que me provoca desconfianza, pero claro... No sé en quién. Que sí, que lo que ha hecho Cifu está mal. A mí desde luego me ha decepcionado, primero por boba y después por poco transparente. Pero también pienso que el linchamiento en la plaza está fuera de lugar... Con la de cosas que leemos -y con las que no leemos pero también pasan-, que esto sea lo que más se habla es verdaderamente indignante bajo mi punto de vista. Es cutre-política, es rebajar aún más el nivel político del país hasta acercarlo a las tertulias de Sálvame. No puedo estar más de acuerdo con Pablo Iglesias, Errejón o Echenique en este tema. 

Tengo claro desde hace tiempo que nosotros no opinamos de una manera o de otra porque saquemos conclusiones libres de los hechos, sino que nos condicionan con la presentación de tales hechos, nuestras opiniones vienen predeterminadas desde fuera. Me parece un horror y yo intento luchar contra ello y tener una mente crítica, pero me imagino que en absoluto consigo opiniones verdaderamente independientes y basadas en objetividades. Este rollo de Cifuentes creo que es una muestra muy clara de esta mierda. Sinceramente, no puede ser que prácticamente la única dimisión de un cargo público importante se produzca porque sale un cutre-vídeo que viene a probar que esta persona mangó dos cremas antiarrugas. Y, sin embargo, ahí están otros que han hecho o están haciendo auténticas barbaridades y NO PASA NADA. Es el colmo. Y ojo, que no es una crítica partidista... Tampoco veo normal que se dé la turra que se da a determinados cargos por tweets desafortunados, por ejemplo. 


La manipulación de la opinión pública tan sangrante me está empezando a tocar los cojones. Así lo digo.

jueves, 15 de marzo de 2018

LA GENTE QUE ME GUSTA

Hace un tiempo guardé un texto de Mario Benedetti que se llama así, "La gente que me gusta". Hoy he visto el título en mi cajón de recuerdos virtuales y he querido darle una vuelta a cómo es la gente que me gusta a mí. No he querido leer a Benedetti para no copiarle más o menos intencionadamente. Por si acaso, me he evitado la tentación. Aunque no me extrañaría que compartamos gustos, porque siento que los míos son todo menos originales en este tema.

Me gusta la gente que sonríe. [¿Ves? Primer ejemplo... Sería raruno que me gustase lo contrario. Vamos, pienso yo...] Pero el hecho es que me encanta. Sonrisas de verdad, claro, no forzadas. No las típicas de dependiente americano que te recibe a la entrada de su tienda con un "Hi there, how are you doing today? Can I help you with something?", con toda su caja de dientes perfectamente alineados y perfectamente blancos. Esas la mayoría de las veces me dan miedito, me incomodan. Las que me gustan son las de verdad. [Ahí, innovando a lo loco. No te cortes, Rocío, habla sin tapujos. Madre mía...].

También me gusta la gente que le pone ganas. La que transmite pasión sin rubor alguno, la que se enciende hablando de lo que le emociona independientemente de si al de delante le emociona también (que entonces es más fácil) o no le interesa en absoluto. Porque yo, por lo menos, cuando cuento algo con pasión, si el de enfrente no me acompaña con su entusiasmo me embajono y ya como que prefiero no compartirlo, gracias. Me quita la energía. Como dice una amiga querida, me rompe mi saquito de ilusiones. Y admiro profundamente a la gente con esa energía innata e indiferente.

Me gusta la gente original, pero no la que presume de esa originalidad. La que es original de forma espontánea, la que tiene personalidad. La que baila en mitad de una fiesta como nadie más, o la que canturrea -generalmente, fatal- mientras se concentra en alguna labor manual, o la que se viste con algo impensable pero lo hace de forma tan desenfadada que resulta atractiva, hipnótica, un poco magnética. Es bonito ser diferente y no esconderlo. Lo que no es tan bonito es insistir demasiado en hacerlo patente porque entonces, para mí al menos, más que diferente eres un coñazo. Ja!

Me encanta la gente buena. Esa gente que no entiendes cómo puede hacerlo, pero en medio de tormentas con nombres absurdos se empeña en seguir brillando y alegrando a los demás. Y lo consiguen, claro está, porque la alegría es de las cosas -buenas- más contagiosas que hay. Debe ir justo por detrás de los bostezos. Muchas veces son estas personas buenas las que deberían necesitar ese contagio de alegría de otro, ese chute que viene de fuera. Y sin embargo, aunque la necesitan, el hecho es que la autogeneran y no les hace falta el chute de nadie más. Es maravilloso.

Me gusta muchísimo la gente rápida. La que tiene salidas en el momento más apropiado, la que responde en 0,0005 millonésimas de segundo con la frase perfecta. La que te saca la carcajada a destiempo, porque no estabas preparado. A veces son rápidos a tiempo completo, y siempre sabes que la risa está garantizada. Pero otras veces, y estas me gustan aún más, son rápidos insospechados, calladitos, ocultos en el silencio hasta que de repente saltan con la perla más perfecta. Son como la pimienta del zumo de tomate! Es sólo un toquecito de gracia pero sin ella no tiene ningún sentido beberlo!

Por supuesto, me gusta la gente que sabe pedir perdón, cosa que para mí es complicadísima. Y todavía más por supuesto, la gente que perdona. Qué difícil es perdonar... Pero qué bonito, cuánto repara, cuánto sana, cuánto ayuda a ser feliz. Para mí es un básico en la vida, la verdad. Además es algo que nunca dejo de aprender, porque siempre siempre siempre me cuesta muchísimo esfuerzo. suena a que me tengo que pasar la vida perdonando afrentas y ni mucho menos! Jajajajaja pero cada vez que me toca, me cuesta horrores, igual que pedir perdón (que esto sí que me toca hacerlo con más frecuencia...). Es mi orgullo y no estoy nada orgullosa de él. 

Me gusta además la gente que se ríe de sí misma, pero no de una forma forzada, dramática o patética sino esos a los que les sale de manera natural, desenfadada y también ocasional. Hay pocas cosas tan geniales como reírse de uno mismo... Puedes estar seguro de no ofender a otro, entre otras cosas. 

Por último, me gusta la gente piadosa. pienso que la piedad tiene mucho de generosidad, porque supone anteponer la comodidad o incluso la felicidad del otro al impulso interno. Es tan bonita la gente piadosa... Me admiran mucho las personas con la habilidad de saber cuándo hablar, cómo hacerlo y también cuándo callar. Y no, eso no es hipocresía, es piedad, es consideración, es sensibilidad y es empatía. 

Al final creo que todo se puede resumir en que me encanta la gente natural. Y que, al final, la gente que me encanta es la que es como a mí me gustaría ser.

jueves, 8 de marzo de 2018

MUJERES

Venía yo a reflexionar sobre las mujeres (sobre nosotras). Es un día bastante indicado para esto, como todos sabemos. Hoy me llegan todo tipo de mensajes empoderadores, inspiradores, de ánimo y de reconocimiento. Y por un lado me encantan, los reenvío, los valoro y los disfruto. Pero por otro lado no puedo dejar de preguntarme si no es forzado... Me explico. 

Soy feminista, y mis razones para ello son básicamente: (i) que creo que todos debemos tener los mismos derechos y las mismas oportunidades (seamos hombres, mujeres o viceversa, vengamos de donde vengamos, hablemos el idioma que hablemos, queramos a quien queramos... y así sucesivamente); (ii) que soy consciente y me entristece y me avergüenza que en el mundo hay grupos que por naturaleza no disfrutan de los mismos derechos u oportunidades precisamente por alguno de esos motivos; (iii) que una de las razones de esas desigualdades es en muchos casos ser mujer; (iv) y, volviendo al principio, que eso me parece radicalmente injusto. Añado una razón más: que si no reconocemos que todavía hoy existen esas diferencias, no seremos capaces de eliminarlas. Por tanto, es necesario visibilizarlo y luchar contra ello. Pienso que la gran mayoría de nosotros somos feministas, por mucho que haya a quienes el término les produce poco menos que urticaria. Seguramente, me apuesto el cogote, es porque no lo han entendido bien: hay mucho ruido tiñendo el feminismo de radicalismo antihombres, cuando... En fin, no tiene nada que ver con eso. Tampoco me voy a enrollar porque no es la reflexión que me estoy haciendo hoy. 

Además hay otro punto importante de la lucha feminista: se trata de igualdad de derechos y eso beneficia tanto a los hombres como a las mujeres. Porque también se trata de quitarnos condicionantes. Y me refiero a que esa concepción genérica, simplista y equivocada de que las mujeres son débiles y los hombres fuertes, que las mujeres lloran y los hombres se pelean, que a ellos les gustan los deportes y a nosotras el cotilleo o la moda, que nosotras somos blablabla y ellos son blublublu... Para empezar es una bobada muy estúpida, porque está claro que hay y todos conocemos mujeres con una fuerza increíble y hombres pusilánimes, mujeres deportistas y hombres cotillas. Y para seguir, todos esos estereotipos lo que crean es una especie de etiqueta y de encasillamiento que ata, que quita libertad, que tiende a forzar a las personas a cumplir con ellos por una necesidad innata de encajar, de no ser señalado. Y la verdad es que es una presión que entiendo del todo innecesaria. 

Pues la inquietud que me generan algunos de los mensajes de hoy va precisamente por ahí. Me da un poco de yuyu pensar que estos mensajes (ojo, que yo también he compartido) de "mujer: eres fuerte, eres valiente, eres una superwoman, eres increíble..." puede acabar en ese mismo tipo de presión. Porque no, señoras. No todas somos fuertes -o al menos no lo somos siempre-, no todas somos valientes, no todas podemos con todo lo que nos pongan por delante... Algunas -o todas a veces- explotamos porque no podemos más, o nos bloqueamos temporalmente y no sabemos por dónde tirar, o simplemente la cagamos. Exactamente igual que ellos. Y está bien, no pasa nada. Es lo que nos hace a todos humanos. 

Por eso el mensaje que me gusta de verdad es: ERES LIBRE. Con ese si que no tengo pegas. Sé como seas, ten tus momentos de fortaleza y tus momentos de debilidad, porque eres humano, eres humana. Potencia tus virtudes, que serán las que sean, y trata de mejorar tus defectos. Eres libre para hacerlo. Cuando todos en la sociedad podamos decir "soy libre", entonces el feminismo como yo lo entiendo habrá triunfado. Y el presupuesto básico y necesario para ello es el respeto al otro, sea mujer, hombre, adolescente, anciano, de aquí o de allí, alto o bajo. Todos merecemos el mismo respeto, esa es la base de mi pensamiento. 

Soy una idealista, muy probablemente, pero yo sí creo que esta sociedad avanza y mucho. El "machismo cotidiano"va a menos, y eso debe ser consecuencia de que la educación es cada vez más igualitaria. Aún no es perfecta, pero es mejor que antes. Tengo muy claro que en mi generación estamos educados de otra forma que la de nuestros padres. Un ejemplo tonto: en la de ellos son muchos los hombres que, al terminar de comer, esperan sentados a que las mujeres recojan la mesa. En mi generación, o al menos en mi ambiente, eso es prácticamente impensable. Las mujeres somos ahora mayoría en la universidad. En general, somos independientes o aspiramos a serlo -las hay jóvenes que aún no lo han conseguido, por eso lo de aspirar-, a vivir de nuestro trabajo, a desarrollar profesionalmente nuestras capacidades en la medida de lo posible. Somos más libres que las que vinieron antes, y mucho más libres que otras mujeres que viven en entornos más atrasados en este sentido. Peeeeero... No hemos llegado todavía a la plena igualdad de derechos. La mayoría de nosotras sigue viviendo situaciones cotidianas de falta de respeto, por ejemplo. La maternidad sigue penalizando en la carrera profesional y pienso que ahí está la razón de la ya famosa (y menos mal) brecha salarial. Sigue habiendo demasiados casos de violencia doméstica (uno solo siempre será demasiado, eso es obvio, pero es que encima hay muchos más de uno). Hasta que todo eso no se acabe, seguirá habiendo razones para ser feminista. 

Yo me siento una absoluta privilegiada porque no sufro prácticamente el sexismo en mis carnes, o al menos no conscientemente. Siento que en mi trabajo me valoran igual que valorarían a un hombre en mi lugar (tanto jefe, como compañeros, como clientes). Y en mi casa, por supuesto, somos un equipo de dos personas y aportamos al equipo en función de cómo somos cada uno y no de cuál es el novio y cuál la novia. Yo no aceptaría otra cosa y él tampoco. Soy consciente de mi fortuna, pero me solidarizo con las que no son tan afortunadas. Haré lo que esté en mi mano por que seáis cada vez menos, hasta que no quede ninguna. Aquí está lo importante... ¿Qué es lo que está en mi mano? No lo tengo claro. Sólo se me ocurre que cuando tenga hijos los educaré así, pero digo yo que algo más podré hacer. Escucho sugerencias.

Para rematar, diré que estoy totalmente convencida de que en unos años -10, 20, 30, 40...- el avance ya será absoluto en toooodos los estamentos, en el mercado laboral, en los puestos de dirección, en las artes, en casa. Lo vamos a conseguir. Tendremos todos los mismos derechos y celebraremos nuestras diferencias en cuanto a identidad personal. De esta forma sí que seremos totalmente libres. Libres de ser como somos, de dedicar nuestro tiempo a lo que decidamos sin venir condicionados de nacimiento. No sólo es mi deseo, es que estoy segura de que así va a ser. Pero para eso hace falta que seamos feministas. 

martes, 23 de enero de 2018

INDARA

Indara es una mujer a la que nunca he conocido. Realmente, no sabía que existía hasta ayer. Y ella, ayer, ya no existía. O al menos no estaba ya en el mismo mundo que yo. Pero instagram se llenó de homenajes para ella, de corazones amarillos. Algunos homenajes más personales, otros menos. Y al final del día sentí como si la conociese, sentí muchísimo su pérdida, puedo decir que incluso me dolió. No es una pérdida mía, claro está, pero sí tuve claro que era una enorme pérdida para el mundo. Para su familia, para sus amigos, para sus compañeros de trabajo... Para los que la conocían y también para los que no. Porque esa mujer tenía magia, una magia que siento cerca de mí como si pudiera tocarla, aun sin la suerte de haberla experimentado nunca. 

Se percibe de sus fotos, de sus palabras inmortalizadas en cuentas de redes sociales, de los mensajes de amor de las personas que ya la echan de menos con todo su corazón. Era una persona especial y maravillosa. Con una generosidad inabarcable, positiva, sonriente, genial. Ese es el mejor modelo. Así me gustaría ser. No creo que sea algo que uno consiga, porque es de esas luces que se tienen intrínsecas o -como la mayoría de nosotros- no se tienen. Pero seguro que los demás podemos inspirarnos y aprender, aunque sea una milésima parte. Así que yo espero que, pese a haber llegado tarde a descubrir su pequeño mundo, lo que permanece de él me inspire un poquito a partir de ahora. 

Qué privilegio el de aquellos que la han disfrutado de cerca. Siento muy dentro un enorme dolor por todo lo que estoy segura que la echaréis de menos, pero me alegro muchísimo de la magia que os ha tenido que dejar al tocaros con su vida. En conjunto, sois unos afortunados. 

Indara, muchas gracias. 

domingo, 31 de diciembre de 2017

2017

Ha pasado volando, un poquito más que el año pasado e imagino que un poquito menos que el que viene... Lleva años alucinándome cómo el tiempo parece que acelera. A lo mejor es la forma que tiene la vida de hacernos pensar lo importante que es ser felices y no dejarlo para luego.

Acabo el año más enamorada que nunca (que nunca antes, espero :)). Puedo decir que soy feliz. Me da pudor escribirlo así de rotundamente, pero es como lo siento, Creo que he encontrado a mi persona, y eso me da una paz interior... A la vez reconozco q me hace sentir un miedo nuevo, porque tengo ahí en el fondo del corazoncito un poco de inquietud de si por lo que sea mi persona no está conmigo para siempre. Pero sé que no sirve de nada pensarlo, así que elijo centrarme en la felicidad de tenerlo conmigo hoy. Es a la vez un enamoramiento intenso que me hace saltar las mariposillas a ratos y un amor tranquilo, seguro. Es como haber encontrado mi sitio en el universo y flipar y dar saltos cuando lo pienso.

No pido nada especial a 2018, más que seguir en este camino que encontré y en el que me siento tan a gusto. No creo que pueda pedir mucho, me siento muy afortunada... Lo que quiera, ya me toca currármelo a mí y no pedírselo a nadie más, ni siquiera a Dios. Tiene cosas mucho más importantes de las que ocuparse, desde luego.

Me propongo una cosa dificilísima para mí, pero creo que importante y positiva: intentar no hablar de cosas negativas. No criticar, no quejarme... Sino solo animar, apreciar, disfrutar. Demostrar más cariño a los demás y también a mí misma. Todos tenemos días más positivos y otros más quejosos, supongo! Pues reducir los quejosos al mínimo es mi plan :). Intentar estar lo menos cojona posible 😂

En un plano más terrenal y, digamos, cotidiano, me propongo perseguir mi propia salud con más convicción: alimentarme mejor (comida real!!) y entrenar con constancia. A lo mejor así acabo construyéndome de una vez el ansiado culo, pero ya no es este mi objetivo. Si lo consigo como efecto colateral estupendo, pero lo que quiero es estar más sana y sentirme mejor!! Este cuerpo es el que me ha tocado y mi responsabilidad es cuidarlo... Entre otras cosas es capaz de hacer mucho más que otros cuerpos más limitados. Pienso que la parábola de los talentos también aplica al cuerpo, en realidad. Así que, aunque mi cuerpo no sea el más talentoso (no está ni cerca de ser perfecto), puedo conseguir más cosas con él y ese es mi objetivo.

Por último, deseo con todas mis fuerzas que 2018 sea un año de comienzos emocionantes e inspiradores para algunas personas a las que adoro. Se lo merecen infinito y yo intentaré apoyarlas como pueda para que así sea.

jueves, 30 de noviembre de 2017

LAS BODAS

Las bodas. Ese monotema que dura años (con fases más y menos intensas, gracias al Cielo).

Llevo años inmersa en esa fase en la vida en la que parece que solo tienes bodas una detrás de otra... Casi 10 años, si me paro a pensarlo!! Desde esta perspectiva, creo que la vida se puede dividir en tres fases:

- La primera, en la que vas nada más que a las bodas de familiares o amigos muy muy cercanos esencialmente como apéndice de tus padres (o, como mucho, llevando las arras) y en las que disfrutas bailando como si no hubiera un mañana y con miles de gigantes a tu alrededor muy sorprendidos por lo que aguantas y la gracia que tienes (todo ser pequeño que baila es adorable, es un hecho).

- La segunda (en la que me encuentro), en que las invitaciones ya llegan a tu nombre directamente, y que son de personas más bien de tu generación. Las de tus amigos de verdad las vives con una emoción indescriptible, que no se pasa aunque lleves ya cientos a tus espaldas. Y te fijas en cosas, en detalles. Por lo menos si, como a mí, te encantan las bodas.

- Y por último llega la fase en la que recibes invitaciones con cuentagotas, y en las que si se clasificara a la gente de la boda por grado de importancia para los novios lo más probable es que entres en la categoría de "compromisos". Me da pereza pensarlo, pero creo que aún queda lejos. Siempre que pasa la boda de alguien muy querido pienso que ya estoy llegando al fin de la fase dos... Pero luego me pongo a repasar mentalmente y ERROR!! Quedan muchísimas de las segundas!! Yuhu!!!

Total, que a lo que voy. Me encantan las bodas. Me parece algo preciosísimo que una pareja quiera prometerse amor para siempre, ante los ojos de Dios y/o las leyes humanas, y sobre todo rodeada de la gente a la que más quieren. Soy una romántica y es lo que hay. Debe ser un día tan emocionante... Hace poco me he dado cuenta (vale, soy lenta, ¿y qué?) de que es la única vez en la vida en la que reúnes a todos: familia de sangre y familia que se escoge, independientemente de cuántos grupos distintos sean. Todos están invitados. Eso es un lujo y una maravilla y sólo por esta razón me muero de ganas de casarme. Ale, ya lo he dicho.

Pero claro, es que eso no es lo fundamental. Lo importante es la razón por la que los reúnes. Quieres que todos compartan contigo la alegría infinita de haber encontrado a la persona con la que quieres compartir tooooodos y cada uno de los días que te quedan, y que ella te haya encontrado a ti de la misma manera. Pocas cosas deben ser tan poéticas.

Una cosa que me pasa es que la moda "bodil" (uf, cómo me repugna esa palabra, por favor!) de los últimos años me ha hecho pensar que se están saliendo un poco de madre. A veces parecen como una especie de demostración, una exhibición de poderío, o de buen gusto, o de originalidad... No tanto de amor. Y eso ya choca un poco con mi concepto. Aparte, no se trataba de demostrar nada, sino de compartirlo! Pero se ha convertido en un "negocio" total, y no sólo me refiero a la parte económica. Es una cuestión de imagen personal, forma parte de la marca de cada uno. Y ahora que nos hemos vuelto tan increíblemente pesados con las redes sociales y con tratar de enseñar lo perfecta y maravillosa que es nuestra vida, las bodas son como el culmen de todo esto. Tengo la sensación de que algunas bodas se planean con el objetivo de quedar bien en Instagram o, -diosmíodiosmíonomelopuedocreer- salir en el blog de Casilda se Casa o de patatina la fantástica. Que me encantan esos blogs, lo reconozco, me divierte mucho ver qué se cuece, pero por otra parte me aburre soberanamente la parte "exhibición de clase". Es divertido, pero a la vez es muuuuy snob. Es mi último placer culpable.

Por no hablar de (y esto no es de la moda más reciente, esto lleva desde ni se sabe...) lo que me chirría el concepto de "es tu día" (dicho a la novia, claro). Vamos a ver... Eso es totalmente incompatible con lo que se celebra, señores. No es el día de la novia, es el día de los novios. ¿Por qué ella es la protagonista absoluta? Es que no lo entiendo. Se casan los dos, se prometen amor y amistad y compañía y apoyo eterno el uno al otro y el otro al uno. Es el día en que los dos se hacen irrevocablemente socios al 50%... ¿Entonces por qué parece que todo gire en torno a ella? ¿Será por la obsesión de que casarnos debe ser un objetivo vital para nosotras, pero no así para ellos? A mí es que me parece evidente que la realización personal, sea solo o en pareja, no entiende de géneros. Que una mujer casada no es de por sí más feliz que un hombre casado ni un hombre soltero más feliz que una soltera... Total, que lucharé contra ello el día que me case. No será mi día, será nuestro día. Es que además es mucho más apetecible...

Y lo quiero vivir con él, no ser de esos novios que se entregan tanto a la fiesta que la viven cada uno por su cuenta. Pero claro, eso es más difícil. Y, en realidad, esta parte sí la entiendo un poco. Porque como decía antes es el único día en que juntas a tooooodos... Con él vas a estar con el que más el resto de tu vida, es la idea. Pero con todas tus personas importantes a la vez... Eso ya no tanto. Vaya éxtasis. Calla, calla, que me vuelvo a embalar! Ja!

Total, que aquí dejo mi reflexión. Que yo soy mucho de dejar constancia de lo que sea para cuando en el futuro me pueda resultar útil (o curioso, sin más), pues recurrir a ello. Así que, ea, a Dios pongo por testigo.